Cuando echo la vista hacia atrás, hay un grupo que recuerdo con un cariño especial, casi como un tesoro oculto que descubrí por casualidad y que desde entonces forma parte de mis recuerdos musicales más íntimos. Se trata de Amazing Blondel, un grupo británico apenas conocido por el gran público, pero con una calidad y una brillantez sonora que resultan inconfundibles.
En el vibrante panorama del folk rock británico de principios de los años 70, pocos grupos lograron capturar la esencia de la Inglaterra medieval y renacentista con la delicadeza y autenticidad de Amazing Blondel. Formada en 1969 en Newark-on-Trent por John Gladwin, Edward Baird y Terence Gilbert, la banda surgió como un homenaje viviente a la música antigua. Inspirados en John Dowland y en la tradición folclórica inglesa, construyeron arreglos acústicos que evocan un auténtico viaje temporal hacia tabernas renacentistas, jardines del siglo XVII y paisajes idílicos del campo británico. Su nombre, además, era un guiño al trovador francés Blondel de Nesle.
Amazing Blondel creó un estilo difícil de clasificar: una mezcla de folk barroco, música renacentista y folk acústico contemporáneo, todo envuelto en una sensibilidad extraordinaria. Sus armonías vocales, sus arreglos minuciosos y el uso de instrumentos antiguos dan vida a un universo sonoro único, delicado y profundamente evocador. Escucharlos es como abrir una ventana hacia otro tiempo: un jardín antiguo, un castillo iluminado por la tarde, una brisa que parece llegar desde siglos atrás.
No hacen falta artificios para dejarse llevar por su música; basta con cerrar los ojos y permitir que esas melodías tan puras y elegantes nos acompañen. Amazing Blondel es de esos grupos que, una vez descubiertos, se quedan para siempre en un rincón querido del alma.
Su debut, The Amazing Blondel (1970), ya mostraba su maestría en la fusión de laúd, dulcimer y cítara con melodías folk modernas. Pero fue con Evensong (1970) y, sobre todo, Fantasia Lindum (1971) donde consolidaron su reputación como pioneros del chamber folk, un subgénero que combina la intimidad de la música de cámara con el lirismo del folk. Aun así, muchos consideran que su cima creativa llegó con su álbum de 1972: England.
England es un disco breve, apenas ocho pistas, pero cada una es un verdadero lienzo acústico. Abierto por “Seascape”, el álbum invita a un paseo por la costa inglesa, donde las olas y las aves marinas se funden en armonías etéreas. Temas como “Landscape” y “A Spring Air” despliegan un folk suave y melódico, con guitarras que susurran como el viento en los prados de Yorkshire. “Cantus Firmus to Counterpoint” introduce contrapuntos renacentistas, mientras que “Sinfonia for Guitar and Strings” eleva el conjunto a un territorio casi ceremonial, con cuerdas que evocan la nobleza de un salón tudor. El cierre con “Dolor Dulcis” (Dulce Dolor) añade una melancolía dulce, recordándonos la belleza efímera de las tradiciones antiguas.
Aunque no fue un éxito comercial —el folk progresivo competía entonces con un rock más agresivo—, el álbum fue celebrado por su calidez, su precisión y su atrevimiento estético, influyendo en grupos como Steeleye Span y en el posterior renacimiento del folk acústico.
Como ya mencioné en mi anterior post sobre Amazing Blondel (puedes verlo aquí: Amazing Blondel en Musikmagiko), la música de este trío invita a cerrar los ojos y entrar en otro tiempo.
Entre todas las piezas de Amazing Blondel, “Seascape” destaca como un pequeño poema musical. Su título ya nos sitúa en un paisaje marino, pero la verdadera magia ocurre cuando suenan las primeras notas. La canción fluye con la calma de un horizonte azul: es como contemplar el mar en un día sereno, con las olas susurrando apenas sobre la orilla.
La combinación de cuerdas, flautas y guitarras crea una atmósfera ligera, casi suspendida, que invita a la contemplación. Seascape es música que no describe: sugiere. Sugiere luz, viento, espacio. Sugiere libertad y una nostálgica suavidad, esa que aparece cuando nos quedamos mirando el mar durante demasiado tiempo.
Hay algo profundamente sanador en esta pieza: un equilibrio perfecto entre simplicidad y emoción. Seascape demuestra, una vez más, la capacidad de Amazing Blondel para pintar paisajes sonoros con una delicadeza que muy pocos han logrado.

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