Michael Allen Harrison: Floating Souls, dejarse llevar por la música
Hay discos que llegan sin hacer demasiado ruido. No sabes muy bien qué esperas de ellos cuando empiezas a escucharlos, pero poco a poco algo empieza a quedarse contigo. Quizá sea una melodía, el sonido de un piano o simplemente esa sensación difícil de explicar de que la música ha encontrado el momento adecuado para aparecer.
Eso es lo que me sucede con Floating Souls, de Michael Allen Harrison.
Mi relación con este tipo de música viene de lejos. El piano siempre ha tenido un lugar especial entre mis preferencias, desde George Winston hasta Ludovico Einaudi o Wim Mertens. Son músicos muy diferentes entre sí, pero todos ellos tienen algo que valoro especialmente: saben que una melodía no necesita complicarse para transmitir algo. A veces unas pocas notas, tocadas en el momento preciso, pueden decir mucho más que una composición llena de artificios.
Y ahí es donde encuentro a Michael Allen Harrison.
Harrison, nacido en Portland, Oregón, es pianista y compositor y lleva varias décadas desarrollando una carrera vinculada a diferentes formas de música instrumental, desde el jazz y la música contemporánea hasta el New Age. Su trayectoria es extensa, pero en Floating Souls prefiero quedarme con algo mucho más sencillo: sentarme a escuchar.
Un disco para escuchar sin prisas
Publicado en 2020, Floating Souls reúne ocho composiciones y poco más de cuarenta minutos de música.
Desde los primeros compases tengo la sensación de estar ante un disco que no pretende llamar constantemente nuestra atención. No hay necesidad de grandes cambios ni de demostraciones de virtuosismo. Harrison deja espacio al piano y permite que las melodías respiren.
Y quizá por eso funciona tan bien.
Es una música que puedo escuchar mientras hago otras cosas, pero que también me pide de vez en cuando que me detenga y la escuche de verdad. Cuando ocurre esto, descubro pequeños detalles que quizá habían pasado desapercibidos en una primera escucha.
Me gusta especialmente esa cualidad. Hay discos que necesitan que estés preparado para escucharlos; Floating Souls hace justamente lo contrario. Parece decirte que simplemente te sientes y te dejes llevar.
“Floating Souls”
La pieza que da título al álbum es probablemente la que mejor resume todo lo que encuentro en este trabajo.
“Floating Souls” tiene algo suspendido, casi etéreo. El piano avanza con naturalidad y la melodía parece quedar flotando en el aire. No es una música que necesite contar una historia concreta. Cada uno puede encontrar en ella sus propias imágenes, recuerdos o paisajes.
Mientras la escucho, pienso precisamente en eso: en la capacidad que tiene el piano para sugerir sin explicar.
Hay calidez en su sonido y, sobre todo, mucho espacio entre las notas. Harrison no parece tener prisa por llegar a ningún sitio. Y quizá esa sea una de las razones por las que esta pieza me resulta tan agradable.
En una época en la que estamos acostumbrados a que todo suceda deprisa, encontrarse con una música que no tiene ninguna prisa resulta casi un pequeño lujo.
Floating Souls no es un disco que necesite imponerse. Se va haciendo un hueco poco a poco, con la sencillez de sus melodías y con ese piano que parece estar siempre a medio camino entre la tierra y el aire.
Y quizá por eso vuelvo a él.
Porque hay momentos en los que no busco una música que me sorprenda, ni que me lleve demasiado lejos. Solo quiero sentarme, escuchar un piano y dejar durante unos minutos que todo lo demás quede en segundo plano.
Eso es, para mí, Floating Souls: música para dejarse llevar.
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