El día que supe que Mike Oldfield estaba trabajando en Tubular Bells II
Recuerdo como si fuera ayer el momento en que me enteré de que Mike Oldfield estaba preparando Tubular Bells II. Como un fan absoluto de su música, la emoción me invadió por completo. No podía dejar de preguntarme: ¿Qué nos traería esta vez? ¿Sería un remake del original? ¿Una continuación directa? ¿O algo completamente nuevo y distinto? Las dudas no dejaban de dar vueltas en mi cabeza.
Cuando finalmente pude escuchar el álbum, entendí que no se trataba de una secuela literal, sino de una reinterpretación desde una perspectiva fresca.
Oldfield mantuvo esa estructura musical que convirtió al primer Tubular Bells en un clásico atemporal, pero casi todo lo demás era nuevo: sonidos más pulidos, una producción moderna y un enfoque renovado. Era como si hubiera tomado la esencia del original y la hubiera elevado a otro nivel, más sofisticado y maduro.
Claro, hubo quienes criticaron que no hacía falta tocar algo tan icónico. Pero para mí, Tubular Bells II fue un acierto , he de decir que a mi no me sobra ningún disco de Mike Oldfield en cada uno de ellos se puede encontrar una joya oculta .
El disco no superó el impacto del primero —algo que, sinceramente, era casi imposible—, pero logró capturar esa magia única que solo Oldfield sabe crear.
"Sentinel": Un reencuentro con el pasado, pero desde el presente
Cuando pienso en "Sentinel", lo primero que me viene a la mente es el instante en que puse Tubular Bells II por primera vez. Esos acordes iniciales me golpearon como un eco del pasado, pero al mismo tiempo como algo completamente nuevo. Como fan de Mike Oldfield, conocía de memoria el tema icónico del Tubular Bells original —esa melodía inquietante que se coló en nuestras cabezas gracias a El exorcista—, así que escuchar "Sentinel" fue como reencontrarme con un viejo amigo que había cambiado con los años.
No era una simple repetición; Oldfield tomó esa base y la moldeó con una sensibilidad distinta, más pulida y madura. Aunque al principio intenta disimular un poco con unas notas de piano aparentemente distintas de repente vuelve a los acordes del inicio del primer Tubular Bells . Desde los primeros segundos, te das cuenta de que no está intentando copiar el original nota por nota. La estructura sigue teniendo ese aire cíclico y progresivo tan característico de su música, pero el sonido es más limpio, más sofisticado. Los sintetizadores y las capas de producción moderna le dan un brillo que el Tubular Bells de 1973, con su crudeza analógica, no tenía.
Escucharlo fue como si Oldfield hubiera decidido pintar el mismo paisaje de hace décadas, pero con una paleta de colores más amplia y pinceladas más precisas. La melodía principal, esa que todos tarareamos, aparece, pero está adornada con detalles nuevos: pequeñas variaciones rítmicas, texturas que entran y salen, y un aire casi cinematográfico que la hace sonar más grande.
Hay un momento en "Sentinel", creo que alrededor de los dos minutos, donde la pieza despega de verdad. Las campanas tubulares —el corazón de la obra— entran con fuerza, pero no son tan caóticas como en el original. Aquí tienen una claridad que te envuelve, y luego se suman instrumentos que no esperas: una guitarra eléctrica sutil, percusiones más marcadas. Es como si Oldfield quisiera decirnos: "Sí, esto es Tubular Bells, pero desde donde estoy ahora".
Para mí, ese equilibrio entre lo familiar y lo renovado es lo que hace que "Sentinel" sea tan especial. No se siente como un intento nostálgico de revivir el pasado, sino como una carta de amor a lo que fue, escrita con la experiencia de los años.
Dentro del disco hay muchas canciones que merecen ser destacadas , hoy nos vamos afijar en "Clear Light"
"Clear Light": Un destello de belleza en medio del viaje
Si "Sentinel" es la puerta de entrada a Tubular Bells II, "Clear Light" es como un respiro luminoso que te encuentra más adelante en el viaje. Cuando llegué a esta pieza, después de la intensidad del arranque del disco, me sorprendió lo diferente que se sentía. No lleva el peso de reinterpretar el pasado como "Sentinel" o "The Bell"; es un lienzo nuevo, una creación pura de Mike Oldfield en su versión de los 90.
Desde el primer acorde, hay una sensación de ligereza, casi como si la música flotara. La melodía principal tiene una claridad que te atrapa, y los sintetizadores —tan típicos de esa época— le dan un toque etéreo que me hace cerrar los ojos y dejarme llevar.
Lo que más me gusta de "Clear Light" es cómo equilibra sencillez y profundidad. No es una pieza recargada; no necesita serlo. Oldfield usa pocos elementos, pero los hace brillar: una línea melódica suave, un ritmo sutil que va creciendo, y esas texturas cristalinas que parecen danzar a tu alrededor. Hay un momento, creo que hacia la mitad, donde entra una guitarra eléctrica delicada que me recuerda por qué amo su estilo: siempre encuentra la manera de sorprenderme con pequeños detalles. Es como si cada instrumento tuviera su propio espacio para respirar, y juntos crean una armonía que te envuelve sin agobiarte.
Para mí, "Clear Light" es uno de los puntos altos de la primera parte de Tubular Bells II. No tiene la carga histórica del original, y eso le da libertad para ser algo fresco, pero sigue conectado a esa magia que Oldfield siempre ha tenido.
Mientras algunos criticaban que Tubular Bells II no necesitaba existir, piezas como esta me hacen pensar lo contrario. Oldfield no solo revisitó su obra maestra; también nos dio joyas nuevas que merecen su propio lugar. "Clear Light" no será tan icónica como el tema de El exorcista, pero en mi corazón de fan, es igual de especial.
Conclusión: Un viaje que valió la pena
Tubular Bells II no fue solo un disco; fue un viaje emocional que me recordó por qué amo la música de Mike Oldfield. Aunque no superó al original, logró capturar esa esencia única que solo él sabe crear. Y canciones como "Sentinel" y "Clear Light" son prueba de que, incluso décadas después, Oldfield sigue siendo un genio capaz de sorprendernos y emocionarnos.
Para mí, este disco no fue una simple revisión del pasado, sino una reinvención que demostró que la música de Oldfield es atemporal. Y eso, queridos amigos, es algo que siempre celebraré.
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