Neil Young – “Long May You Run”: kilómetros de música y buenos recuerdos
Una guitarra, una armónica y la voz de Neil Young. La música puede ser así de sencilla y de bonita al mismo tiempo. “Long May You Run” es uno de los temas que más me gustan de Young, aunque, a decir verdad, tengo muchos buenos si empiezo a recordar. Neil Young es uno de esos músicos al que siempre termino volviendo, porque en su música encuentro algo que va mucho más allá de las canciones: una manera muy particular de entender la vida, la carretera, los recuerdos y el paso del tiempo.
Pero si hay algo que me transmite “Long May You Run” es buen rollo. Es una canción que me pone de buen humor, que invita a dejarse llevar y que tiene ese aroma inconfundible de carretera que tantas veces aparece en la música de Young. No necesita demasiadas cosas para funcionar. Una guitarra, una armónica, su voz y una melodía que parece avanzar tranquilamente mientras nosotros seguimos escuchando.
La canción apareció en Long May You Run, el álbum que Neil Young grabó junto a Stephen Stills bajo el nombre de The Stills-Young Band y que fue publicado en 1976. El proyecto surgió después de la trayectoria compartida de ambos músicos dentro de Crosby, Stills, Nash & Young, aunque aquel encuentro no tendría una continuidad demasiado larga y el disco terminaría siendo el único álbum de estudio publicado por la banda.
Y precisamente la canción que da título al álbum es una de las composiciones de Young que más fácilmente se quedan en la memoria.
La historia detrás de la canción
Lo curioso es que “Long May You Run” nació pensando en un coche.
Neil Young tuvo durante sus primeros años un Buick Roadmaster Hearse de 1948, al que llamó Mort. Aquel enorme automóvil no era precisamente un vehículo convencional, pero tenía una ventaja evidente para un músico que comenzaba a moverse con su equipo: había espacio de sobra para transportar amplificadores y demás material.
Con el tiempo, Mort terminó formando parte de los recuerdos de aquellos años. Y cuando aquel viejo coche llegó al final de su camino, Young decidió convertirlo en canción.
La letra recuerda aquel automóvil y las experiencias asociadas a él, pero lo hace de una manera que me parece muy propia de Young. No convierte la historia en un lamento. Hay nostalgia, sí, pero también una sonrisa y una sensación de gratitud por todo lo vivido.
Es como cuando uno se encuentra muchos años después con algún objeto que perteneció a una época importante de su vida. Quizá para cualquier otra persona no tenga ningún valor, pero para nosotros contiene recuerdos que no están escritos en ninguna parte.
Mucho más que un coche
Y aquí es donde “Long May You Run” empieza a crecer.
Porque podemos conocer la historia de Mort, pero no necesitamos haber tenido aquel coche para entender la canción. Todos hemos dejado algo atrás alguna vez. Un lugar, una persona, una amistad, una etapa, un viaje o incluso un disco que escuchamos hasta desgastarlo.
La música tiene esa capacidad extraordinaria de conservar cosas que creíamos perdidas. Basta con que empiecen a sonar unos acordes para que aparezcan de repente imágenes que llevaban años escondidas en algún rincón de la memoria.
Quizá por eso esta canción me gusta tanto.
Porque detrás de esa aparente sencillez hay una mirada al pasado, pero no es una mirada triste. Young recuerda y, al mismo tiempo, sigue avanzando.
Long may you run.
Que sigas rodando mucho tiempo.
El Neil Young que siempre vuelve
Hay algo en Neil Young que siempre me ha resultado especial. Su música nunca parece necesitar demostrar nada. Puede ser eléctrica y contundente, como en algunos de sus grandes trabajos de rock, o reducirse a lo esencial, como ocurre aquí.
Pienso en Harvest, un disco fundamental para mí y uno de esos álbumes que forman parte de la historia personal de cualquiera que haya seguido durante años la trayectoria de un músico. Pienso también en Zuma y en tantas otras etapas de su carrera, hasta llegar incluso a Mirror Ball, un disco que sigo escuchando con especial cariño.
Son momentos diferentes de un artista que nunca ha tenido demasiado interés en quedarse quieto.
Y eso es precisamente lo que encuentro también en “Long May You Run”. Una canción que mira hacia atrás, pero que no se queda allí.
Una canción para poner en marcha el coche
Si tuviera que explicar por qué esta canción me transmite ese buen rollo del que hablaba al principio, probablemente no sabría hacerlo con demasiadas palabras.
Hay canciones que funcionan así.
Empiezan a sonar y algo cambia.
La guitarra de Neil Young, la armónica, su voz y ese ritmo tranquilo hacen que uno tenga ganas de ponerse en carretera, dejar atrás las preocupaciones durante un rato y simplemente disfrutar del camino.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender “Long May You Run”: no como una canción triste sobre un viejo coche, sino como una pequeña celebración de todo lo que hemos vivido mientras avanzábamos.
Porque al final todos acumulamos kilómetros.
Algunos quedan en la carretera, otros en los recuerdos y otros permanecen para siempre en las canciones que seguimos escuchando muchos años después.
Y esta es una de esas canciones que, cada vez que vuelven a sonar, me recuerdan por qué sigo disfrutando tanto de Neil Young.
Una guitarra, una armónica y aquella voz.
A veces, sinceramente, no hace falta mucho más.
Long may you run.
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