Jillian LaDage: La Encantadora Voz Celta que Evoca el Invierno Mágico
En el vasto panorama de la música celta contemporánea, pocos artistas logran tejer un tapiz tan rico y evocador como Jillian LaDage. Nacida en enero de 1980 en una granja lechera rural de Illinois, Estados Unidos, esta cantante, compositora, arpista y pianista creció rodeada de las praderas que sus ancestros escoceses e irlandeses colonizaron casi dos siglos atrás.
Desde niña, la música fue su refugio: escribía canciones y soñaba con escenarios, cantando en congregaciones locales y celebraciones familiares. Fue en la mitad de los años 90, durante la fiebre cultural desatada por producciones como Riverdance y Braveheart, cuando LaDage se sumergió en el mundo de la música celta, fascinada por sus ritmos ancestrales y su legado mítico. “Quería desenterrar el pasado y tender un puente hacia el presente”, ha expresado en entrevistas, reflejando su pasión por la historia, la mitología y la musicología celta.
Influenciada por su herencia escocesa-irlandesa, LaDage forjó un estilo único que fusiona elementos celtas con toques medievales y orientales de Medio Oriente. Estudió arpa celta bajo la tutela de la renombrada arpista Kim Robertson y técnica vocal moderna con Randy Buescher, coach de Chicago en el estudio Your True Voice.
Su voz, comparada a menudo con la de Loreena McKennitt y Sarah McLachlan, transmite una profundidad etérea, mientras que su maestría en el arpa crea paisajes sonoros hipnóticos. No solo es intérprete: en 2007 fundó su propio sello discográfico independiente, Tarith Cote (que significa “pasar más allá, intercambiando lo ordinario por oro”), distribuyendo su música en Europa a través del sello francés Prikosnovenie, especializado en folk y world beat.
Con una carrera que abarca más de una década, ha actuado en escenarios internacionales, desde festivales celtas en Estados Unidos hasta giras en Europa, y se describe a sí misma como una “celticista” apasionada por la cocina, las religiones del mundo, los viajes y la jardinería.
Su discografía, aunque selecta, es un testimonio de su evolución artística. Su álbum debut, The Ancestry (2007), explora las raíces celtas y las rutas de la seda, con piezas como “The Black Woods” y “Bonny Was The Lady”, que evocan leyendas perdidas y misterios ancestrales.
Pero es en Enchanted Winter (2015), su obra navideña y estacional, donde LaDage alcanza un pico de magia introspectiva. Lanzado el 12 de diciembre de 2015 bajo Tarith Cote, este álbum de nueve pistas es una oda al invierno como temporada de misterio y maravilla, fusionando piezas originales con canciones antiguas y medievales poco conocidas.
“Del de todas las estaciones, el invierno quizás encarna el mayor sentido de misterio y maravilla”, escribe LaDage en las notas del álbum. “Explorando las diversas celebraciones y tradiciones de esta temporada, esperé descubrir qué es exactamente este encanto, que solo se encuentra durante estos pocos meses del año y nos lleva a meses tranquilos de contemplación, alegría y asombro.”
Enchanted Winter no es un simple disco navideño; es un portal a un mundo encantado donde lo celta se entreteje con influencias medievales y de Medio Oriente. LaDage produce, compone y arregla la mayoría de las piezas, con asistencia de Mark Wyse en la producción, y una mezcla y masterización que resalta texturas ricas: arpa celta, hurdy-gurdy, percusión world (con invitados como el percusionista nominado al Grammy Neil Brook y Todd Hammes), uilleann pipes, cello y violín.
Jillian LaDage – “The Holly and The Ivy”: Una Danza Celta entre lo Sagrado y lo Invernal
Entre las joyas que componen el álbum Enchanted Winter de Jillian LaDage, una de las piezas más encantadoras y simbólicas es sin duda “The Holly and The Ivy”. Esta canción, de raíces tradicionales inglesas, ha sido interpretada durante siglos como un himno al invierno, al renacimiento y a la dualidad entre la naturaleza y la espiritualidad. Sin embargo, bajo la visión artística de LaDage, adquiere una nueva dimensión, convirtiéndose en un puente entre lo ancestral y lo místico, entre el frío de la estación y el calor interior del alma.
Desde los primeros acordes, el arpa celta de LaDage envuelve el espacio sonoro con una delicadeza hipnótica, evocando imágenes de bosques nevados y antiguas festividades paganas. Su voz, cristalina y etérea, guía al oyente por un paisaje donde el acebo y la hiedra —símbolos de fertilidad, vida eterna y dualidad masculina-femenina— se entrelazan en una danza espiritual.
Lo fascinante de esta versión es su atmósfera cinematográfica y ritual, donde cada nota parece narrar un fragmento de una historia olvidada. Jillian no solo interpreta, sino que recrea la esencia mágica del invierno celta, incorporando arreglos que remiten a la música medieval y a las melodías del Medio Oriente. El resultado es una pieza que respira autenticidad y reverencia por las tradiciones, pero con un sonido contemporáneo y envolvente.
En palabras de la propia artista, “El invierno es la estación donde la tierra duerme, pero el espíritu despierta”. Esa filosofía se siente profundamente en “The Holly and The Ivy”, donde el mensaje trasciende lo festivo y se convierte en una meditación sobre la renovación y el equilibrio.
“The Holly and The Ivy” es más que una canción dentro de Enchanted Winter: es la puerta de entrada a su universo sonoro, un canto que nos invita a mirar más allá del hielo y descubrir la belleza que florece en el silencio invernal.
Ideal para escuchar con una taza de té caliente, junto al resplandor de una vela, esta interpretación confirma que Jillian LaDage no solo revive la tradición celta, sino que la transforma en arte vivo, atemporal y profundamente emotivo..
Hoy, en 2025, Enchanted Winter sigue siendo un bálsamo para las almas que buscan refugio en lo ancestral. Jillian LaDage no solo canta: invoca espíritus, teje leyendas y nos recuerda que, en el corazón del invierno, la magia nunca se congela.
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