Aly Bain y Phil Cunningham: Roads Not Travelled y la luz de “A Bright Star in Cepheus”
En el vasto universo del folk escocés, hay encuentros que parecen escritos en las estrellas. Uno de ellos es el de Aly Bain y Phil Cunningham, dos almas unidas por el destino en una melodía que aún resuena con la fuerza del viento del norte. Desde aquel lejano 1988 en que sus caminos se cruzaron, su música ha sido un refugio de belleza, emoción y maestría.
Entre los muchos frutos de su alianza destaca Roads Not Travelled (2006), un disco que invita a perderse en los senderos invisibles del alma, donde cada nota es memoria, y cada silencio, contemplación. Bajo el sello Whirlie Records, este trabajo se erige como una obra de madurez, una travesía por los paisajes interiores de Escocia y por los caminos que, quizás, nunca se tomaron.
Maestros del alma celta
Aly Bain, nacido en las remotas Islas Shetland, ha hecho del violín su voz más pura. Su arco, tan firme como delicado, guarda siglos de bruma y sal, de danzas y melancolías. Su sonido no solo evoca la tradición: la hace respirar.
A su lado, Phil Cunningham, oriundo de Edimburgo, despliega su acordeón como un abanico de emociones. Multiinstrumentista y compositor, su talento abarca desde la ternura de una air hasta la alegría desbordante de un reel. Hermano del inolvidable Johnny Cunningham, lleva en su música una mezcla de nostalgia y gratitud, como quien toca para no olvidar.
Juntos, Bain y Cunningham son dos voces que se buscan y se encuentran: el violín que suspira, el acordeón que responde, y entre ambos, un diálogo donde el tiempo parece detenerse.
Roads Not Travelled: El eco de lo no vivido
Roads Not Travelled es más que un álbum: es una caminata por los recuerdos que no fueron, por las sendas que quedaron al margen del mapa. Desde los primeros jigs, llenos de chispa y complicidad, hasta las airs donde la emoción se desnuda, el disco oscila entre la alegría contenida y la melancolía serena.
La producción, cuidada con mimo por Cunningham, mantiene una intimidad casi doméstica. Los acompañamientos de Anna Massie y Martin O’Neill apenas rozan el aire, como si temieran interrumpir un diálogo sagrado entre dos viejos amigos.
Cada tema brilla por su equilibrio: la destreza nunca eclipsa la emoción, y la emoción nunca anula la claridad. Es música tejida con hilos de aurora y lluvia, con el pulso exacto de quienes conocen tanto la técnica como el alma.
“A Bright Star in Cepheus”: La constelación del recuerdo
Y entonces llega “A Bright Star in Cepheus”, esa joya suspendida en el cielo del disco. Compuesta por Phil Cunningham en memoria de su hermano Johnny, es una de esas piezas que no se escuchan: se sienten.
El violín de Aly Bain flota sobre el acordeón como una brisa entre las estrellas. Cada nota es un suspiro que asciende, una lágrima que brilla antes de caer. En esa constelación imaginaria, Cepheus, Phil coloca a su hermano como una estrella guía, un faro que nunca se apaga.
La melodía, en tonalidad de Re mayor, parece moverse entre dos mundos: la tierra del recuerdo y el cielo de la permanencia. En su sencillez radica su grandeza. Es un canto a la ausencia que ilumina, al amor que no muere, a la música que consuela.
Escucharla es mirar al firmamento y comprender que algunas luces viajan tanto tiempo para alcanzarnos… pero llegan. Siempre llegan.
Un legado que no se apaga
A casi dos décadas de su publicación, Roads Not Travelled sigue sonando como un suspiro del alma celta, un puente entre la tradición y la eternidad. En sus melodías habita la memoria viva de Escocia, la complicidad de dos amigos que encontraron en la música su forma más pura de hablarse.
Porque cuando Aly Bain acaricia su violín y Phil Cunningham deja que su acordeón respire, el mundo se detiene un instante. Y en ese instante —entre la bruma y la estrella— entendemos que hay caminos que no necesitan ser recorridos para sentirse, solo escuchados.
En palabras de un reseñista: “Es Batman y Robin del folk, golpeando las malas notas y tocando solo las buenas.” Un dúo eterno en un género inmortal.
Si cierras los ojos y dejas que el sonido te envuelva, quizás escuches esa estrella brillar:
“A Bright Star in Cepheus”, la luz que nunca se extingue.
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