Wim Mertens – Ma Soeur Masculin: dejar que la música siga su curso
Hay músicos a los que uno escucha y otros a los que, con el paso del tiempo, acaba incorporando a su propia vida. Wim Mertens es uno de esos compositores a los que siempre termino volviendo. No importa cuánto tiempo haya pasado desde la última escucha: basta con que vuelva a sonar su piano, acompañado por esa voz tan peculiar que parece surgir de otro lugar, para que me encuentre de nuevo en un territorio que siento muy mío.
Quizá sea esa mezcla de repetición, delicadeza y cierta inquietud emocional lo que me mantiene enganchado a su música. Mertens tiene una manera muy particular de construir sus composiciones: parte de ideas que parecen sencillas, las hace girar, las transforma poco a poco y consigue que uno termine escuchando algo más que una sucesión de notas. Su voz, lejos de ser un elemento añadido, se convierte en otro instrumento, tan reconocible como el propio piano.
Por eso, la llegada de Ma Soeur Masculin, publicado el 11 de septiembre de 2026, supone para mí una nueva oportunidad de reencontrarme con ese universo. El compositor belga vuelve a apostar por el diálogo entre piano y voz, dejando a un lado los grandes despliegues instrumentales para concentrarse en una expresión más desnuda e íntima. Son ocho composiciones en las que los pequeños matices cobran una importancia especial y donde la emoción no necesita hacerse explícita para terminar calando.
Hay algo que siempre me ha atraído de Mertens: su música puede parecer repetitiva en una primera aproximación, pero basta escuchar con un poco de atención para descubrir que esas reiteraciones nunca son exactamente iguales. Cada vuelta de una melodía modifica nuestra percepción, cada variación abre una nueva posibilidad y, casi sin darnos cuenta, terminamos atrapados en su movimiento. Es una música que invita a detenerse, a dejar de buscar constantemente algo nuevo y a disfrutar de lo que sucede dentro de una misma idea.
«Laisser courir»: dejar que las notas encuentren su camino
El disco comienza con «Laisser courir», una pieza de algo más de cinco minutos cuyo título, traducido libremente, nos invita a dejar correr las cosas, a permitir que sigan su curso. Me parece una forma sugerente de entrar en el álbum, porque esa sensación de continuidad está presente en la propia construcción de la composición.
Desde los primeros compases, el piano establece un movimiento rítmico constante y pendular. La mano izquierda sostiene una base firme y persistente, mientras la derecha dibuja arpegios que parecen disolverse para reaparecer en bucles orgánicos. Es un mecanismo característico del lenguaje minimalista de Mertens, pero lo interesante no está únicamente en la repetición, sino en cómo consigue que ese movimiento conserve su capacidad de atracción sin necesidad de grandes cambios.
La música avanza, gira sobre sí misma y vuelve a empezar, aunque nunca tengo la impresión de estar escuchando exactamente lo mismo. Hay pequeñas variaciones, matices que van modificando el ambiente y una fluidez que permite que la pieza respire sin perder su pulso.
Pero es la entrada intermitente de la voz la que introduce el elemento más expresivo. La voz de Mertens aporta una vulnerabilidad que contrasta con la regularidad del piano, como si algo más frágil e imprevisible se asomara de vez en cuando a una estructura aparentemente controlada. No necesita imponerse ni convertirse en protagonista absoluta: aparece, se retira y vuelve a integrarse en la música, dejando tras de sí una sensación difícil de explicar con palabras.
Es precisamente esa combinación la que más me interesa. El piano parece avanzar con una seguridad casi mecánica, mientras la voz introduce una tensión emocional que rompe esa aparente serenidad. Ambos elementos se necesitan, pero mantienen cierta independencia, y es de ese equilibrio de donde nace buena parte de la personalidad de la pieza.
«Laisser courir» termina convirtiéndose en un pequeño paisaje emocional suspendido en el tiempo. No busca un clímax espectacular ni necesita conducirnos hacia una conclusión grandiosa. Su fuerza está en el recorrido, en esa alternancia entre el movimiento constante del piano y la fragilidad de una voz que parece querer expresar algo que no termina de revelarse por completo.
Y quizá sea esa la mejor manera de escucharla: sin intentar descifrar cada nota ni exigirle una respuesta. Dejar que la música avance, que las repeticiones nos envuelvan y que la voz aparezca cuando tenga que hacerlo. En definitiva, dejar que todo siga su curso.
Un universo al que siempre termino regresando
Las otras siete composiciones —«Cette fois», «Entre partout», «Réponds à tout», «Jadis», «Tu verras», «Sans peine» e «Il le faut»— completan este nuevo trabajo, que mantiene el protagonismo del piano y la voz como principales vehículos de expresión.
Quienes conocemos la trayectoria de Mertens reconoceremos algunos de los elementos que han definido su música durante décadas: los patrones repetitivos, el pulso constante, la construcción progresiva de las melodías y esa sensibilidad que le permite moverse entre el minimalismo y la música contemporánea sin renunciar a una identidad propia.
Sin embargo, lo que me interesa de Ma Soeur Masculin no es tanto comprobar hasta qué punto permanece fiel a su estilo como volver a encontrarme con aquello que hace que su música siga teniendo sentido para mí. Hay artistas a los que uno escucha buscando novedades, y otros cuya obra ofrece algo diferente: la posibilidad de regresar a un lugar conocido y descubrir que todavía quedan cosas por sentir.
Wim Mertens pertenece, para mí, a esta segunda categoría. Su música no necesita imponerse ni reclamar toda nuestra atención. Basta con concederle tiempo, escuchar cómo evoluciona una melodía y dejarse llevar por esa combinación tan suya de precisión rítmica y emoción contenida.
Con Ma Soeur Masculin vuelvo a encontrar razones para seguir explorando ese universo. Y «Laisser courir» es una buena puerta de entrada: una pieza que nos recuerda que, a veces, no necesitamos que la música nos lleve a ninguna parte. Basta con disfrutar del camino.


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