Wim Mertens – Dust of Truths: la verdad que permanece en el sonido
Hay discos a los que uno regresa con la sensación de que todavía esconden algo. Dust of Truths, publicado por Wim Mertens en 2016, pertenece a esa categoría. No es un álbum que busque conquistar al oyente de inmediato; más bien propone un recorrido pausado por un territorio musical en el que el piano, las cuerdas y los instrumentos de viento construyen un paisaje cambiante, lleno de matices.
El álbum, editado por Usura, forma parte de Cran aux Oeufs, un proyecto dividido en tres partes que Mertens desarrolló entre 2015 y 2016. Dust of Truths constituye la tercera entrega del tríptico y reúne once composiciones, entre ellas “Tunneling”, “Kyrielle”, “A Travelogue”, “Moss You Are”, “Transbordered”, “The Tonality”, “More Real” y “Eigenstates”.
Pero hoy quiero detenerme especialmente en “The Tonality”.
The Tonality: cuando la repetición cobra vida
Desde sus primeros compases, “The Tonality” nos sitúa en uno de esos espacios sonoros tan característicos de Mertens. El piano establece el punto de partida mientras el resto de los instrumentos va incorporándose progresivamente, creando una estructura que parece sencilla pero que, poco a poco, adquiere una notable profundidad.
Lo interesante no está únicamente en la melodía, sino en la manera en que Mertens trabaja con el movimiento. Las figuras musicales se repiten, regresan y se transforman ligeramente, provocando que aquello que inicialmente parecía estático termine adquiriendo una sensación casi hipnótica.
Y ahí encontramos una de las grandes virtudes del compositor: hacer que la repetición nunca sea exactamente repetición.
En “The Tonality”, el piano no funciona como un elemento aislado. Forma parte de un conjunto en el que las cuerdas, los vientos y la percusión amplían constantemente el espacio. La propia grabación cuenta con un amplio ensemble formado por violines, violas, cello, contrabajo, oboe, clarinete, fagot, saxofones, trompa, arpa, guitarras y percusión, además del propio Mertens al piano.
El resultado es una pieza que se mueve entre lo minimalista y lo orquestal sin pertenecer completamente a ninguno de los dos mundos.
Un disco para escuchar sin prisas
Dust of Truths tiene una duración cercana a la hora y sus once composiciones forman un conjunto especialmente coherente.
No estamos ante una colección de piezas independientes colocadas unas detrás de otras. Existe una sensación de continuidad, como si cada composición fuese una estación dentro de un mismo viaje.
“The Tonality”, situada hacia la parte central del álbum, funciona precisamente como uno de esos momentos en los que conviene detenerse. Su música no necesita grandes explosiones ni cambios bruscos para mantener nuestra atención. Mertens consigue algo bastante más difícil: crear expectación a partir de pequeñas variaciones.
El título, The Tonality, también parece especialmente apropiado para una música que concede tanta importancia a las relaciones entre los sonidos, a la tonalidad y a las posibilidades que aparecen cuando una misma idea comienza a desplazarse lentamente.
La elegancia de Wim Mertens
Escuchar a Wim Mertens siempre implica aceptar unas reglas diferentes. Su música puede partir de estructuras minimalistas, pero nunca se queda atrapada en ellas. Hay algo cinematográfico en su forma de construir los desarrollos, aunque no necesite imágenes para funcionar.
En “The Tonality” encontramos precisamente esa capacidad para sugerir imágenes sin describirlas.
El piano parece avanzar con determinación mientras las cuerdas y los vientos modifican progresivamente el paisaje. La música crece sin necesidad de imponerse y consigue que el oyente termine entrando en ella casi sin darse cuenta.
Quizá por eso Dust of Truths sea un álbum que gana con las escuchas. La primera puede dejarnos simplemente con una impresión; en las siguientes comienzan a aparecer detalles, pequeñas variaciones y conexiones que antes habían pasado inadvertidas.
Una verdad hecha música
El título del álbum, Dust of Truths, podría interpretarse como una búsqueda de esas pequeñas verdades que permanecen después de que todo lo demás desaparece. Y la música de Mertens parece trabajar precisamente en ese territorio: lo esencial escondido detrás de estructuras aparentemente sencillas.
“The Tonality” es una magnífica puerta de entrada a ese universo. Una pieza en la que el compositor demuestra que no necesita recurrir a grandes gestos para emocionar. Le basta con un motivo, un piano, un ensemble perfectamente integrado y el tiempo necesario para permitir que la música respire.
Después de escucharla, resulta inevitable querer continuar con el resto de Dust of Truths. Porque quizá esa sea la verdadera intención del álbum: no ofrecernos respuestas inmediatas, sino dejarnos caminando entre sus sonidos, buscando esas pequeñas partículas de verdad que quedan suspendidas en el aire.
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