George Winston – “Stars”: cuando el otoño termina mirando al cielo
Las estaciones han sido, desde siempre, una fuente inagotable de inspiración para los músicos. El paso del tiempo, los cambios de luz, los paisajes que se transforman y esa manera casi imperceptible en la que la naturaleza modifica nuestro estado de ánimo han servido como punto de partida para innumerables composiciones. Y dentro de la llamada New Age, una etiqueta demasiado amplia y a menudo poco precisa, las estaciones terminaron convirtiéndose también en un recurso recurrente. Bastaba con titular un álbum Summer, Winter o Autumn para que el concepto resultara inmediatamente reconocible; y si aparecía la palabra Christmas, la maquinaria comercial parecía tener aún más claro su camino.
Pero hubo músicos para quienes las estaciones no fueron una estrategia de mercado ni un simple concepto estético. Formaban parte de su manera de entender la música.
Ese es el caso de George Winston.
Aunque su nombre quedó estrechamente vinculado a la New Age, Winston rechazó siempre esa clasificación. Él definía su particular lenguaje pianístico como “rural folk piano”, un estilo melódico que había desarrollado a comienzos de los años setenta y que estaba relacionado con la música folk estadounidense, el R&B instrumental y, sobre todo, con su propia sensibilidad hacia los paisajes y las regiones que habían formado parte de su vida. La naturaleza no era para él un decorado sobre el que construir sus composiciones: era una fuente directa de inspiración. Las estaciones, la topografía y especialmente los paisajes de Montana estaban presentes en su música de una manera mucho más profunda que cualquier etiqueta comercial.
Y quizá sea ahora, cuando el verano empieza poco a poco a quedar atrás, cuando mejor se entiende esa relación.
Después de semanas en las que el calor ha condicionado nuestros días, comenzamos a mirar el sol de otra manera. Ya no buscamos tanto la sombra ni esperamos con impaciencia que desaparezca. Poco a poco volveremos a agradecer su presencia, a buscar sus primeros rayos durante esos paseos de la mañana y a disfrutar de una temperatura que empieza a cambiar casi sin que nos demos cuenta.
El verano se retira lentamente y el otoño comienza a ocupar su lugar.
Es precisamente en esos paseos, cuando el aire de las primeras horas del día ya no tiene la misma temperatura y el paisaje parece recuperar otra tonalidad, cuando vuelvo a George Winston y a uno de esos discos que, para mí, están inevitablemente ligados a esta época del año: Autumn.
Hay álbumes que uno escucha porque quiere descubrir algo nuevo y otros a los que regresa porque forman parte de determinados momentos de su vida. Autumn pertenece claramente a los segundos. Suena diferente cuando llega septiembre, cuando el verano empieza a perder fuerza y el otoño todavía no se ha instalado por completo. Es una música que parece acompañar ese territorio intermedio en el que una estación se despide mientras la siguiente comienza a insinuarse.
Publicado en 1980, Autumn fue el disco que situó definitivamente a Winston dentro del mapa de la música instrumental de su tiempo. Pero escucharlo hoy permite entender que detrás de aquella etiqueta había un músico con una concepción mucho más personal del piano. No buscaba llenar los silencios ni demostrar virtuosismo. Su interpretación se construía a partir de melodías sencillas, espacios, repeticiones y una utilización muy particular de la dinámica del instrumento.
El propio Winston explicó que Autumn estaba profundamente inspirado por el otoño y por el este de Montana, especialmente la zona de Miles City, el territorio donde pasó buena parte de su infancia.
Y eso cambia nuestra manera de escuchar el disco.
No estamos simplemente ante una colección de piezas de piano inspiradas en una estación. Estamos entrando en un paisaje. En sus colores, en sus caminos, en sus bosques, en la luz cambiante y en esa sensación de amplitud que aparece constantemente en la música de Winston.
Desde “Colors/Dance”, la música parece avanzar siguiendo los colores del paisaje otoñal. Después llega “Woods”, donde el piano adquiere una dimensión casi física, como si las notas caminaran entre árboles. “Longing/Love” introduce un tono más íntimo y contemplativo, mientras que “Road”, “Moon”, “Sea” y finalmente “Stars” amplían progresivamente ese paisaje hasta llevarnos desde la tierra hacia el cielo.
Es precisamente este último tema Stars en el que nos fijamos hoy
“Stars”: cuando el otoño termina mirando al cielo
Hay canciones que parecen pedirnos que bajemos el ritmo. “Stars”, de George Winston, es una de ellas. Última pieza de Autumn, el álbum publicado en 1980, llega después de un recorrido musical por colores, bosques, caminos, luna y mar. Y quizá por eso su presencia al final del disco resulta tan apropiada: después de recorrer el paisaje, Winston levanta finalmente la mirada hacia el cielo.
El piano adquiere aquí otra dimensión. Ya no parece describir un lugar concreto, sino sugerir un espacio abierto, silencioso, casi infinito. Las notas aparecen con delicadeza y dejan entre ellas el suficiente espacio para que sea el oyente quien complete aquello que la música apenas insinúa.
Pero “Stars” tiene además una historia particular dentro de la obra de Winston. La pieza fue compuesta en 1973, varios años antes de Autumn, y ya entonces comenzaba a tomar forma ese lenguaje pianístico tan característico del músico. Una manera de tocar en la que la melodía, la repetición y el silencio tienen tanta importancia como la propia técnica.
Hay algo especialmente hermoso en esa estructura.
Autumn no intenta reproducir los sonidos de la naturaleza. Winston sabía que un piano nunca podría hacerlo. Lo que consigue es algo mucho más interesante: evocar la sensación que produce estar dentro de ese paisaje.
Y ahí reside buena parte de la grandeza del álbum.
Porque quizá por eso sigo regresando a él cada año. No necesito encontrar una explicación concreta ni buscarle un significado oculto. Me basta con dejar que el piano de George Winston acompañe esos primeros paseos de septiembre, cuando el calor empieza a ceder y uno vuelve a disfrutar de caminar sin prisa.
Autumn tiene esa capacidad.
No pretende explicar el otoño. Simplemente consigue que lo sintamos.
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