Will Ackerman – Home: regresar a casa, regresar a la esencia
Hoy me he reencontrado con la música de Will Ackerman a través de su nuevo disco, Home. Ackerman es uno de esos nombres que, más que formar parte de la historia de la New Age, contribuyeron decisivamente a escribirla. El encuentro ha sido casi casual: su nuevo álbum apareció entre las novedades de mi proveedor de música en streaming. Y pocas veces una recomendación automática resulta tan oportuna.
Ackerman es, ante todo, uno de los grandes arquitectos de las llamadas “otras músicas”. Fundador de Windham Hill Records, el sello que desde los años setenta abrió un espacio propio para la guitarra acústica, el piano, el ambient y la música instrumental, su influencia resulta difícil de medir. Allí encontraron su lugar artistas como George Winston, Alex de Grassi o Liz Story, mientras Ackerman desarrollaba una manera muy particular de entender la guitarra: íntima, desnuda, profundamente melódica y alejada de cualquier exhibicionismo.
Por eso Home no llega como un simple disco más dentro de su extensa trayectoria. Publicado en agosto de 2026, reúne diez composiciones en las que Ackerman vuelve a rodearse de músicos que forman parte de su universo sonoro habitual: Tom Eaton, Noah Wilding, Jeff Haynes, Charlie Bisharat, Eugene Friesen, Michael Manring, Jeff Oster y Premik Russell Tubbs, entre otros.
Y ahí está precisamente una de las claves del álbum.
Una música construida desde la complicidad
En la música de Ackerman nunca parece haber demasiadas cosas. Una guitarra acústica puede ocupar el centro de la escena y, alrededor de ella, aparecen pequeños detalles: un piano que apenas acaricia la melodía, un violín que prolonga una emoción, una percusión que entra con extrema discreción o una voz utilizada como textura más que como protagonista.
Es una música que no necesita demostrar nada.
Tom Eaton vuelve a desempeñar un papel esencial. Su relación artística con Ackerman viene de años atrás y pasa por algunos de los trabajos más interesantes de esta etapa del guitarrista. Eaton no es únicamente intérprete: también ha trabajado como productor, ingeniero, mezclador y responsable del sonido en numerosas producciones vinculadas a Ackerman e Imaginary Road Studios.
También encontramos a Noah Wilding, cuya voz etérea ya había aparecido en trabajos anteriores como Positano Songs, y a Jeff Haynes, percusionista capaz de aportar una presencia casi invisible pero decisiva. En Home la nómina de colaboradores vuelve a funcionar como una paleta de colores alrededor de la guitarra de Ackerman.
El resultado es una producción extraordinariamente orgánica. Nada parece colocado para llamar la atención. Todo está al servicio de la atmósfera.
Hoy destacamos: “The Five Sisters”
Dentro de Home, hoy quiero detenerme especialmente en “The Five Sisters”, una de esas composiciones que explican perfectamente por qué la música de Will Ackerman continúa conservando una capacidad tan especial para transmitir serenidad.
Desde sus primeros compases aparece ese sonido puro, limpio y cálido que caracteriza al guitarrista. La guitarra respira, tiene espacio a su alrededor y nunca parece luchar por ocupar el primer plano. Cada nota llega con naturalidad, dejando entre ellas el silencio necesario para que la melodía pueda desarrollarse.
La colaboración de Premik Russell Tubbs, Tom Eaton y Jeff Haynes aporta además diferentes matices a la composición. Tubbs introduce una dimensión tímbrica que amplía el paisaje sonoro, mientras Eaton contribuye a esa extraordinaria limpieza de la producción y Haynes incorpora una percusión sutil, más sugerida que evidente.
Y es precisamente esa combinación la que hace que “The Five Sisters” resulte tan reconfortante para la escucha. No estamos ante una pieza que pretenda provocar una emoción inmediata o espectacular; su efecto es mucho más pausado. Se instala poco a poco, casi sin darnos cuenta, y termina creando ese pequeño espacio de tranquilidad que tantas veces buscamos en la música instrumental.
Hay algo casi cinematográfico en su desarrollo, aunque Ackerman nunca necesita recurrir a grandes recursos para construir imágenes. Basta la guitarra, unos pocos instrumentos y una melodía que parece avanzar con la misma naturalidad con la que transcurre un paisaje.
“The Five Sisters” es, en definitiva, una magnífica muestra de la filosofía de Home: música sencilla en apariencia, pero extraordinariamente cuidada en sus detalles.
Diez pequeñas habitaciones
El propio título, Home, resulta especialmente apropiado. No parece hablar únicamente de un lugar físico, sino de ese territorio emocional al que regresamos después de haber recorrido muchos caminos.
El repertorio lo deja entrever desde sus títulos. “Wood Thrush”, “Grandma Maple”, “Snow's Stone”, “The West River”, “The Five Sisters” o “On Little Black Mountain” parecen pequeñas postales convertidas en música. Son recuerdos, paisajes, personas y lugares transformados en piezas breves.
En “Grandma Maple”, por ejemplo, Ackerman comparte protagonismo con Tom Eaton, Jeff Haynes, Charlie Bisharat y Noah Wilding. En “Wood Thrush” aparecen Eaton, Eugene Friesen y Wilding, mientras que “For Shorty” incorpora además a Michael Manring y Premik Russell Tubbs. Esa variedad instrumental evita que el álbum se convierta en una sucesión de piezas de guitarra aisladas y le proporciona una profundidad tímbrica considerable.
Pero lo más interesante es que, pese a esa riqueza, seguimos reconociendo inmediatamente a Will Ackerman.
El sonido de una vida
Quizá esa sea la mayor virtud de Home: no intenta reinventar a Ackerman.
A estas alturas de su carrera, sería absurdo esperar de él una ruptura estilística. Su música ha encontrado hace mucho su lugar. Lo verdaderamente difícil es mantener vivo ese lenguaje sin convertirlo en una fórmula, y Home demuestra que todavía existe espacio para explorar dentro de esa aparente sencillez.
La guitarra de Ackerman sigue teniendo esa cualidad contemplativa que convirtió sus primeros trabajos en referencias de la guitarra acústica instrumental. Desde In Search of the Turtle's Navel (1976) hasta sus trabajos más recientes, su trayectoria ha estado marcada por una búsqueda constante de melodía, silencio, espacio y emoción. Returning, publicado en 2004, incluso le proporcionó el Grammy al Mejor Álbum New Age.
Escuchando Home pienso precisamente en eso: en cómo algunos músicos terminan construyendo un lenguaje propio hasta el punto de que unas pocas notas son suficientes para reconocerlos.
Y Ackerman lo consigue.
Una bienvenida inesperada
Quizá por eso me ha gustado tanto encontrarme con Home de esta manera, sin buscarlo previamente. Después de tantos años escuchando música instrumental, ambient, New Age y todas esas etiquetas que intentan clasificar lo inclasificable, volver a encontrarse con Will Ackerman produce una sensación familiar.
Es como abrir una puerta que llevaba tiempo sin abrirse.
Y al otro lado siguen estando aquella guitarra acústica, la calma, los espacios abiertos, la sensibilidad de Windham Hill y esa manera tan particular de entender la música que Ackerman ayudó a establecer hace ya medio siglo.
Home no necesita grandes declaraciones. Su propia música parece decirnos que, después de tantos caminos recorridos, algunas veces lo más hermoso consiste simplemente en volver a casa.
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