Moby – Future Quiet: la música que llega cuando el mundo se queda en silencio
Future Quiet podría traducirse como futuro silencioso, pero también puede entenderse como un deseo: la esperanza de que todavía podamos encontrar un lugar tranquilo dentro de un futuro que parece empeñado en acelerarse cada vez más.
Quizá esa sea la mejor manera de acercarse al nuevo trabajo de Moby, uno de los personajes más singulares que ha dado la música electrónica. Pionero de la cultura rave, cristiano devoto, vegano, punk, activista y, sobre todo, músico inquieto, Moby ha recorrido caminos que difícilmente podrían encajar en una sola etiqueta. Alcanzó el estrellato internacional y vendió decenas de millones de discos, en buena medida gracias también a que su música terminó formando parte de cientos de anuncios de televisión, convirtiendo algunas de sus composiciones en auténticos iconos de la cultura popular.
Pero el destino todavía le tenía reservada una curiosa vuelta de tuerca.
A sus más de sesenta años, Moby ha encontrado inesperadamente un nuevo público gracias a una canción que llevaba tres décadas esperando su momento: “When It’s Cold I’d Like to Die”, publicada originalmente en 1995 en Everything Is Wrong.
La canción apareció en Stranger Things, la exitosa serie de Netflix convertida en fenómeno mundial, y de repente aquel tema que Moby consideraba prácticamente una pieza olvidada volvió a ocupar un lugar central en la conversación musical.
Y lo curioso es que, según el propio Moby explicó con absoluta naturalidad en YouTube, él no tuvo nada que ver con su inclusión en la serie. Se mostró tan sorprendido como cualquiera de que aquella canción que él mismo definía como un “tema poco conocido” hubiera terminado formando parte de la banda sonora.
Hay algo bonito en todo esto. Una canción puede desaparecer durante años y, cuando parece que ya pertenece definitivamente al pasado, encontrar de repente una nueva generación dispuesta a escucharla.
Un disco nacido para escapar del ruido
Es precisamente en ese contexto donde aparece Future Quiet, un álbum concebido como un refugio frente al caos y la devastación de la vida moderna.
Moby abandona buena parte de las estructuras que le hicieron famoso y se sumerge en un territorio mucho más íntimo: piezas ambientales, composiciones minimalistas para piano, cuerdas, voces y largos espacios de silencio.
No es un disco que pretenda competir con el mundo exterior.
Más bien intenta escapar de él.
Y esa decisión tiene mucho sentido viniendo de Moby. Después de décadas trabajando con electrónica, samples, ritmos y grandes construcciones sonoras, aquí parece querer quedarse con lo esencial. Como si después de haber pasado tantos años construyendo capas de sonido hubiera llegado el momento de preguntarse qué ocurre cuando se quitan todas ellas.
El resultado es un álbum profundamente emocional.
Cuando los colaboradores toman el protagonismo
Paradójicamente, otra de las formas en que Moby demuestra sus puntos fuertes es dejando que sus colaboradores sean los protagonistas.
En lugar de intentar ocupar siempre el centro de la escena, permite que las voces y los músicos invitados aporten su propia personalidad a las composiciones.
Y eso funciona especialmente bien en un álbum tan atmosférico.
Las voces aparecen casi como presencias que atraviesan la niebla sonora de las canciones. No siempre están ahí para contar una historia concreta; muchas veces parecen formar parte de la propia textura musical.
Las aportaciones de artistas como serpentwithfeet o Jacob Lusk introducen además una dimensión gospel que conecta perfectamente con otra faceta fundamental de Moby: su espiritualidad.
Le Vide: el vacío que conduce hacia la luz
El cristianismo de Moby rara vez aparece de manera explícita en su música, pero “Le Vide”, cuyo título significa el vacío en francés, se siente como una de las piezas más abiertamente religiosas que ha grabado.
La canción comienza desde la desnudez del piano minimalista y poco a poco se eleva con cuerdas y un coro de resonancias casi angelicales.
La sensación es extraordinariamente visual.
Más que escuchar una canción, uno tiene la impresión de estar contemplando una ascensión.
El piano parece avanzar lentamente hacia algún lugar desconocido mientras las cuerdas amplían el espacio y las voces crean una atmósfera casi celestial. Es uno de esos momentos en los que la música deja de ser simplemente música para convertirse en una experiencia emocional y espiritual.
Detalles como este, unidos a las influencias gospel presentes en las interpretaciones de serpentwithfeet y Jacob Lusk, aportan a Future Quiet una religiosidad sorprendente.
No es una espiritualidad evidente ni doctrinal. Es más bien una sensación de trascendencia.
El riesgo de quedarse solo con un piano
Potenciar esa atmósfera mística podría parecer una decisión artística arriesgada. También lo es dedicar tanto espacio a piezas de piano solo.
Porque aquí no hay prácticamente nada detrás que esconda una nota imperfecta.
Sin ritmos. Sin samples. Sin grandes sintetizadores. Sin una producción electrónica que cubra cada espacio.
Solo el piano.
Y precisamente por eso las emociones quedan mucho más expuestas.
Moby parece haber entendido que, después de tantos años trabajando con la tecnología, también puede existir una enorme fuerza expresiva en algo tan sencillo como sentarse delante de un piano y tocar unas pocas notas.
Es una apuesta por la desnudez.
Y quizá también por la madurez.
Un disco que no se escucha de una sola vez
Tengo que reconocer que Future Quiet quizá sea demasiado tranquilo para digerirlo de un golpe.
No es un disco que entre fácilmente si uno espera encontrar al Moby de Play, 18 o Hotel. Aquí no hay canciones que reclamen nuestra atención inmediatamente. No hay necesidad de bailar, ni de cantar, ni siquiera de seguir una melodía concreta.
Es música que pide otra disposición.
Tal vez haya que escucharla poco a poco.
Una canción hoy. Otra mañana.
Y quizá algún día, cuando llegue uno de esos momentos de insomnio a las dos de la mañana, cuando la cabeza no deja de dar vueltas y el silencio de la noche parece amplificar todos nuestros pensamientos, Future Quiet encuentre su verdadero sentido.
Quizá entonces este disco me dé paz.
Quizá consiga bajar mis pulsaciones.
Quizá calme mi mente durante unos minutos.
Y si lo consigue, habrá cumplido perfectamente su propósito.
Porque al final Future Quiet no parece haber sido creado para impresionar al mundo, sino para encontrar un pequeño espacio de calma dentro de él.
Y en estos tiempos acelerados, conseguir que alguien se detenga, respire y encuentre un poco de silencio durante unos minutos quizá sea una de las cosas más valiosas que puede hacer un músico.
Moby ha hecho mucho ruido durante su carrera. Ahora parece haber descubierto que, a veces, la música más necesaria es la que nos enseña a escuchar el silencio.
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