As Falls Wichita, So Falls Wichita Falls (1981): música para carreteras vacías y cielos infinitos
Publicado en 1981 bajo el sello ECM Records, As Falls Wichita, So Falls Wichita Falls fue una obra profundamente experimental dentro de la trayectoria de Metheny y Mays. Grabado en Oslo junto al extraordinario percusionista brasileño Naná Vasconcelos, el álbum se convirtió en un viaje sonoro lleno de espacios abiertos, texturas ambientales y emociones suspendidas.
Lejos de la energía más accesible del Pat Metheny Group, este disco apuesta por la contemplación, el paisaje emocional y el desarrollo atmosférico. La extensa pieza titular, de más de veinte minutos, funciona casi como una película sin imágenes: tormentas lejanas, estaciones vacías, carreteras nocturnas y horizontes interminables parecen desfilar lentamente ante el oyente.
El álbum también marcó un punto importante en la evolución sonora de Metheny y Mays por el uso intensivo de sintetizadores y capas electrónicas, algo relativamente novedoso en su música hasta entonces.
La producción de Manfred Eicher resulta fundamental. Su característico tratamiento del espacio y el silencio convirtió el disco en una experiencia casi táctil: cada nota parece suspendida en el aire, flotando entre reverberaciones y sombras.
Muchos oyentes y críticos han descrito esta obra como una mezcla entre jazz fusión, ambient y música cinematográfica. Incluso en comunidades de aficionados al rock progresivo, el álbum suele ser considerado una pieza de culto por su carácter hipnótico y emocional.
Una geografía emocional del Medio Oeste americano
El título del álbum siempre ha despertado curiosidad. Esa extraña frase —As Falls Wichita, So Falls Wichita Falls— parece un juego lingüístico surrealista, pero encierra perfectamente el espíritu nebuloso y evocador de la música. Según Metheny, el nombre reflejaba precisamente “la vaguedad” de aquellas composiciones.
Y es que este disco suena a América profunda: estaciones de tren, pueblos semivacíos, lluvia golpeando el asfalto y luces de neón en mitad de la noche. Hay algo profundamente nostálgico en estas composiciones, como si Metheny y Mays intentaran capturar la memoria emocional de su infancia en el Midwest estadounidense.
En muchos sentidos, este álbum anticipó caminos que después explorarían artistas del ambient, del post-rock e incluso compositores cinematográficos contemporáneos.
“It’s for You”: ternura, melancolía y belleza suspendida
Entre las joyas ocultas del disco destaca especialmente “It’s for You”, una composición delicada y profundamente emotiva que representa a la perfección la química entre Metheny y Mays.
La pieza avanza con una suavidad casi irreal. Las guitarras de Metheny no buscan el virtuosismo espectacular; prefieren susurrar melodías cálidas y vulnerables, mientras los teclados de Lyle Mays construyen un fondo armónico lleno de luz crepuscular.
Hay algo extraordinariamente humano en esta música. “It’s for You” transmite cercanía, nostalgia y una sensación de intimidad difícil de describir. No necesita explosiones ni dramatismos: su fuerza reside precisamente en la contención.
El tema también deja ver una de las grandes virtudes de la dupla Metheny-Mays: la capacidad de convertir la complejidad armónica en algo emocionalmente accesible. Bajo esa aparente sencillez existe un trabajo compositivo sofisticadísimo, lleno de modulaciones sutiles y texturas cuidadosamente equilibradas.
Esta pieza puede encontrarse entre una de las composiciones más bellas y menos reivindicadas del universo Metheny. De hecho, con el paso de los años ha adquirido una especie de aura secreta entre aficionados al jazz atmosférico y melódico
El legado de una alianza irrepetible
La muerte de Lyle Mays en 2020 supuso el final definitivo de una de las sociedades musicales más extraordinarias del último medio siglo. Su entendimiento artístico era tan profundo que muchas veces parecía telepático.
Escuchar hoy As Falls Wichita, So Falls Wichita Falls es volver a un tiempo donde la música instrumental aún podía ser misteriosa, contemplativa y profundamente emocional sin necesidad de artificios. Es un disco que exige paciencia y escucha atenta, pero que recompensa con una experiencia casi inmersiva.
Pocas colaboraciones han logrado crear un universo sonoro tan reconocible y emocionalmente poderoso como el de Pat Metheny y Lyle Mays. Y pocas obras resumen mejor esa magia compartida que este álbum silencioso, nocturno y absolutamente hipnótico.




Comentarios
Publicar un comentario