Davy Spillane: el hombre que hizo cantar al viento irlandés
En Irlanda hay instrumentos que parecen formar parte del paisaje. El arpa, el violín… y, por supuesto, las uilleann pipes, esa gaita irlandesa de sonido íntimo y profundo, más susurro que estruendo. Pocos músicos han sabido extraer de ella tanta emoción y modernidad como Davy Spillane.
Nacido en Dublín el 6 de enero de 1959, Spillane empezó a tocar el tin whistle con apenas doce años. Un año después ya se había enamorado de las uilleann pipes. Su padre, amante de todos los géneros musicales, alimentó esa curiosidad sin prejuicios. A los trece años ya tocaba en clubes y sesiones tradicionales de la capital irlandesa. A los catorce tomó una decisión radical: dejó la escuela para dedicarse por completo a la música.
No solo aprendió a tocar. Se formó como aprendiz con constructores de gaitas como Dan Dowd y Johnny Burke. Comprendió el instrumento desde dentro, desde la madera y el metal hasta el aire que lo hace vibrar. Con el tiempo incluso fabricaría sus propias pipes. Ese conocimiento artesanal marcaría su relación casi orgánica con el sonido.
A finales de los setenta ya recorría Irlanda y el Reino Unido actuando en directo. Pero Spillane no quería limitarse a reproducir tradición: quería expandirla.
La electricidad entra en la tradición: Moving Hearts
En 1981 dio un paso decisivo al fundar Moving Hearts junto a Christy Moore y Dónal Lunny. Aquello no era folk al uso. Era tradición irlandesa atravesada por bajo eléctrico, batería, jazz y una fuerte conciencia política.
Discos como The Storm mostraron algo nuevo: las uilleann pipes podían ser potentes, casi sinfónicas, dialogar con guitarras eléctricas y mantener intacta su alma ancestral. Spillane se convirtió en el sonido distintivo del grupo.
Cuando la banda se disolvió en 1986, su nombre ya estaba ligado a una revolución silenciosa: la modernización del sonido celta.
Del Atlántico a la atmósfera
Su primer álbum en solitario, Atlantic Bridge (1987), fue toda una declaración de intenciones. Grabado en Nashville con músicos de bluegrass como Béla Fleck y Jerry Douglas, tendía un puente musical entre Irlanda y América. Las pipes viajaban sin perder identidad.
Pero sería en 1994 cuando Spillane alcanzaría una de sus cumbres creativas con A Place Among the Stones. Un disco atmosférico, introspectivo, grabado en Irlanda y publicado por Columbia/Sony. Entre los invitados estaban Moya Brennan y Steve Winwood, pero el verdadero protagonista era el espacio sonoro.
Y todo comenzaba con una pieza inolvidable.
“Darklight”: cuando la sombra brilla
“Darklight” abre el álbum como una puerta que se entreabre hacia otro mundo.
No hay prisas. No hay palabras. Solo el sonido profundo de las uilleann pipes emergiendo desde el silencio. La melodía es lenta, amplia, cargada de ornamentación tradicional. Es un lamento, pero también una promesa.
Poco a poco entran capas casi invisibles: teclados etéreos, guitarras que no interrumpen sino que sostienen, una percusión mínima que parece latido lejano. Todo está al servicio del aire y del timbre.
El título —“luz oscura”— resume su esencia. Hay melancolía, pero no desesperación. Hay nostalgia, pero también una claridad que se filtra entre las sombras. Es música crepuscular: como la costa irlandesa al atardecer, cuando el cielo aún guarda luz pero el mar ya se ha vuelto oscuro.
En 1997 la pieza alcanzó una audiencia mucho mayor al abrir la recopilación
Celtic Twilight 4: Celtic Planet, dentro de una serie que popularizó la música celta atmosférica en todo el mundo. Desde entonces, “Darklight” se ha convertido en una de las composiciones más queridas y escuchadas de Spillane.
Más allá del folk
Ese mismo año 1994, Spillane participó como solista en la producción original de
Riverdance, dejando una interpretación memorable en “Caoineadh Cu Chulainn”. A partir de ahí su sonido se volvió global.
Ha colaborado con artistas tan diversos como Kate Bush, Enya, Mike Oldfield, Van Morrison o Bryan Adams, y ha participado en bandas sonoras como Rob Roy y Gangs of New York.
En el año 2000 ganó un Grammy junto a Paul Winter por Celtic Solstice.
El legado del aliento
Hoy, Davy Spillane sigue activo. Sigue tocando. Sigue fabricando sus propias gaitas. Pero, sobre todo, sigue demostrando algo esencial: que un instrumento antiguo no pertenece al pasado.
En sus manos, las uilleann pipes pueden sonar tradicionales o modernas, íntimas o cinematográficas, terrenales o casi espirituales.
Y si hay una pieza que resume esa transformación es “Darklight”.
Una melodía que nace en la sombra… y termina iluminando todo lo que toca.
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