Wim Mertens y la irrelevancia de las etiquetas: Integer Valor como obra clave
Cuando se le pregunta a Wim Mertens por el concepto de su música o por cómo debería definirse, su respuesta es tan clara como reveladora:
“Si digo que mi música se produce en la tradición de la música escrita, no es realmente cierto porque sólo un 80% de ella es música escrita. Gran parte de ella está escrita en el piano, pero también puedo decir que mi música no proviene de ninguna tradición, y eso lo considero más interesante. (…) La definición es irrelevante.”
Esta declaración resume perfectamente la filosofía creativa de un compositor que ha transitado los márgenes de la música clásica moderna sin aceptar nunca límites estéticos cerrados. Para Mertens, la música es una transmisión vital, casi familiar, que se construye pieza a pieza y proyecto a proyecto, más allá de escuelas o etiquetas.
Más allá del minimalismo
Muchos oyentes tienden a situar a Wim Mertens junto a nombres como Philip Glass, Michael Nyman, Steve Reich o Terry Riley, dentro de la música clásica moderna y el minimalismo. Sin embargo, esta comparación se queda corta.
Si bien comparte con ellos el uso de estructuras repetitivas y conjuntos de orientación clásica, Mertens va un paso más allá, incorporando una carga emocional, melódica y dinámica muy superior. En otro contexto instrumental, su música podría encajar perfectamente en el ámbito del rock progresivo, por su ambición formal y su desarrollo narrativo.
A diferencia de otros compositores, Mertens combina piano solista y voz de una forma absolutamente personal, utilizando su voz no como vehículo lírico tradicional, sino como instrumento expresivo.
Orígenes: una relación natural con la música
La música estuvo presente en la vida de Wim Mertens desde la infancia. Su padre, Henri Mertens, no era músico profesional, pero llenaba el hogar de música constantemente: cantaba, tocaba el piano e incluso llegó a grabar un disco.
“Gracias a mi padre entré en contacto con la música de modo espontáneo”, recuerda Mertens. Él, su hermano y sus dos hermanas se iniciaron en la música desde muy jóvenes, en un entorno donde el sonido era algo natural y cotidiano.
Soft Verdict: los primeros pasos
Mertens comenzó a grabar en 1980 bajo el nombre de Soft Verdict, seudónimo que utilizó hasta 1984. Su primera grabación de estudio fue el sencillo “At Home / Not At Home”, producido por el estadounidense Peter Gordon, quien lo introdujo en el mundo del estudio de grabación profesional.
Soft Verdict no era una banda como tal, sino un proyecto abierto, en el que convivían bajo, batería, saxofón, arpa, vibráfono, piano y guitarra. El saxofón cumplía un papel expresivo similar al que más adelante asumiría su voz, y el arpa conectaba con su formación en guitarra clásica. El propio nombre reflejaba una contradicción que le resultaba atractiva: un veredicto no puede ser suave.
Con el tiempo, los discos de Soft Verdict serían reeditados bajo el nombre de Wim Mertens, consolidando su identidad definitiva como compositor.
De Close Cover a la consolidación europea
Una de sus piezas más emblemáticas, Close Cover, compuesta para piano y orquesta, apareció en numerosos samplers y antologías del sello Windham Hill, lo que le otorgó una notable popularidad en Europa, aunque su impacto en Estados Unidos fue más limitado.
Esta obra, hermosa e inquietante, resume bien el universo Mertens: melancolía, tensión contenida y una profunda carga emocional.
Integer Valor (1998): una obra fundamental
Para muchos aficionados, Integer Valor (1998) es una de las mejores obras de Wim Mertens. El álbum supone una evolución natural respecto a su trabajo anterior y sienta las bases de una nueva etapa sonora.
Aquí, Mertens apuesta por añadir una calidez extra a su música, apoyándose en un ensemble donde las cuerdas adquieren un papel destacado. El resultado es un disco amable, envolvente y profundamente humano, que logra un equilibrio poco común entre accesibilidad y exigencia artística.
Desde un punto de vista comercial, Integer Valor fue también uno de sus trabajos más exitosos dentro del ámbito de la música instrumental de calidad, demostrando que es posible mantener una fuerte personalidad creativa sin caer en fórmulas rígidas.
Arte, concepto y detalle
La portada del álbum reproduce un fragmento del cuadro La femme à la puce, de Georges de La Tour, una obra austera, íntima y enigmática cuyo significado no está del todo claro. Esta elección encaja perfectamente con el espíritu del disco.
El título Integer Valor hace referencia al respeto íntegro y literal de la partitura, donde cada elemento, por pequeño que sea, debe interpretarse con absoluta fidelidad. No obstante, el detalle del cuadro —una mujer aplastando una pulga con las uñas— introduce una posible ironía sutil, muy acorde con la sensibilidad de Mertens.
En este álbum se aprecia claramente la importancia de los matices, los silencios y los pequeños gestos musicales, tratados con un cuidado casi obsesivo.
Antes y después: continuidad y expansión
El disco anterior ya apuntaba hacia este camino más cálido y orgánico, pero es con Integer Valor donde Mertens lo consolida plenamente. Al año siguiente se publicó Integer Valor – Intégrale, un pack de tres CDs que expande enormemente el universo sonoro del álbum original, incorporando nuevas piezas y desarrollos más amplios.
Entre los temas más destacados del disco se encuentra Au-delà du fleuve, una composición que sintetiza la esencia del álbum: fluidez, lirismo y una sensación de avance constante, casi espiritual.
Una obra abierta al tiempo
Con Integer Valor, Wim Mertens reafirma su condición de compositor inclasificable, capaz de moverse entre la música clásica contemporánea, el minimalismo, la emoción romántica y una sensibilidad casi popular sin renunciar a la profundidad.
Un disco cálido, honesto y profundamente humano, que confirma que, para Mertens, las etiquetas son secundarias frente a lo esencial: la música como experiencia viva.
Au-delà du fleuve: el corazón emocional de Integer Valor
Dentro de Integer Valor, uno de los momentos más representativos y recordados es sin duda Au-delà du fleuve. Esta pieza funciona casi como un eje emocional del álbum, condensando muchas de las características que definen la música de Wim Mertens en esta etapa de su carrera.
Construida a partir de un motivo melódico sencillo, la obra se desarrolla de forma progresiva, con una estructura expansiva que avanza sin brusquedades. El piano establece la base, mientras las cuerdas envuelven la composición aportando profundidad, calidez y una sensación constante de movimiento. No hay clímax evidente, sino una tensión contenida que se mantiene hasta el final.
El propio título, “Más allá del río”, sugiere una idea de tránsito, de paso y de transformación, muy presente en el carácter de la pieza. La música parece fluir como el agua, avanzando con determinación pero sin urgencia, invitando al oyente a una escucha introspectiva y casi contemplativa.
Una pieza que trasciende el álbum
Au-delà du fleuve no es solo uno de los temas más destacados de Integer Valor, sino también una de las composiciones que mejor ilustran la identidad artística de Mertens. En ella confluyen su gusto por la repetición, la melodía clara, el cuidado extremo por los matices y una emotividad directa, nunca excesiva.
No es casual que esta pieza haya sido incluida y desarrollada posteriormente en Integer Valor – Intégrale, donde su universo sonoro se amplía y respira con mayor libertad. Allí se percibe aún más la importancia del detalle interpretativo, uno de los pilares fundamentales de la obra de Mertens.
Más allá de las palabras
Como ocurre con buena parte de su música, Au-delà du fleuve confirma la idea defendida por el propio Wim Mertens: la definición es irrelevante. La pieza no necesita una adscripción estilística concreta para comunicar. Su fuerza reside en la claridad emocional y en esa capacidad tan poco frecuente de conectar con el oyente desde la sencillez.
En el contexto de Integer Valor, este tema actúa como un espacio de pausa y reflexión, reafirmando al álbum como una de las obras más cálidas, accesibles y profundas de la discografía de Wim Mertens.
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