Wim Mertens – “Lir” / “The Fosse”: la transformación de una idea musical
Uno de los aspectos más fascinantes de la obra de Wim Mertens es su manera de revisitar, reformular y transformar un mismo material musical a lo largo del tiempo. En el álbum Maximizing the Audience (1984) encontramos un ejemplo paradigmático de esta filosofía creativa a través de “Lir” y su posterior adaptación en “The Fosse”, dos piezas íntimamente conectadas pero conceptualmente muy distintas.
“Lir” es, ante todo, un monólogo minimalista de piano. Con una duración de 18 minutos y 15 segundos, la pieza se desarrolla como una exploración extensa y profundamente introspectiva. Aquí no hay parte vocal, algo significativo dentro del catálogo de Mertens, ya que la narración se construye exclusivamente a través del piano. La música avanza mediante patrones repetitivos, sutiles variaciones y una progresión casi imperceptible que sumerge al oyente en una serena laxitud, una especie de estado suspendido entre la contemplación y la hipnosis. El tiempo parece diluirse y la escucha se convierte en una experiencia más física que intelectual.
Esta versión larga representa la faceta más minimalista y abstracta de Mertens: no busca una estructura tradicional ni un clímax evidente, sino la inmersión total, la permanencia en una idea musical que se despliega lentamente, sin urgencias.
El giro llega con “The Fosse”, que puede entenderse como la adaptación de “Lir” a la estructura de canción propiamente dicha. Aquí el material original se condensa hasta una duración de 4:38 minutos, cercana al formato single, y por primera vez se incorpora de manera clara la parte vocal, interpretada por Minne Pauwels, con un registro operístico que aporta un nuevo carácter a la composición.
En esta versión, la melodía de piano sigue siendo bellísima, pero el discurso es más directo y accesible. Se eliminan las extensiones exploratorias de Lir y se prioriza una estructura más enfocada, donde la repetición ya no induce a la hipnosis, sino que refuerza la identidad melódica. El resultado es elegante, sobrio y emocionalmente inmediato, sin perder la esencia minimalista que define a Mertens.
Dentro del mismo álbum, la canción “Maximizing the Audience” refuerza esta nueva dirección, deslumbrando por la combinación de piano y voces operísticas, así como por sus cambios de ritmo e intensidad, mostrando claramente que Mertens comienza a integrar la voz como un instrumento más dentro de su lenguaje compositivo.
Años más tarde, The Fosse alcanzaría una nueva dimensión en el disco en directo What You See Is What You Hear (2006). Grabado con el Wim Mertens Ensemble, este álbum —de 16 pistas y una duración total de 1 hora y 45 minutos— captura una interpretación colectiva y expansiva de su obra. En este contexto, “The Fosse” aparece como la pista 7, con una duración ampliada de 7:10 minutos.
Aquí la pieza deja atrás la intimidad del piano y la voz para convertirse en una reinterpretación orquestal. El formato ensemble incorpora vocalistas (como Annemarie Honggokoesoemo y Herlinde Ghekiere en registros de alto), cello (Lode Vercampt) y otros músicos . Esta versión gana en profundidad, dramatismo y relevancia, transformando la pieza en una experiencia más grandiosa, teatral y colectiva.
Las repeticiones vocales adquieren mayor textura gracias al coro, mientras que las cuerdas y los vientos añaden capas emocionales que amplifican el impacto del tema. The Fosse deja de ser una pieza introspectiva para convertirse en un ritual sonoro compartido, donde cada músico suma peso expresivo al conjunto.
Existen además otras versiones notables del tema, que demuestran hasta qué punto una canción puede transformarse sin perder su esencia. Una de las más significativas es la incluida en Educés Me (1987), donde The Fosse aparece reinterpretada con la incorporación de una voz masculina. Este cambio aparentemente simple de timbre altera de forma profunda la percepción emocional de la pieza, dotándola de un carácter más grave, reflexivo e introspectivo, en claro contraste con las vocalizaciones más etéreas y suspendidas de versiones anteriores.
Aunque la duración se mantiene cercana a la versión corta original, la atmósfera es claramente distinta: menos onírica, más terrenal, casi confesional. La canción deja de flotar para posarse, invitando a una escucha más atenta y contenida.
A esta relectura se suma otra versión igualmente relevante, incluida en el disco en directo Years Without Stories Vol. 5, donde el tema adquiere una nueva dimensión gracias a la energía del directo. Aquí, la interpretación se vuelve más orgánica y emocionalmente expuesta, revelando matices que solo aparecen cuando la música se enfrenta al silencio y a la respiración del público.
Estas distintas encarnaciones no solo enriquecen la canción, sino que confirman su capacidad de adaptación y permanencia, demostrando que algunas composiciones no se agotan en una forma concreta, sino que crecen y se transforman con el tiempo y con cada nueva interpretación.


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