Rodrigo Leão: la serenidad como patria sonora en O Rapaz da Montanha
Desde sus inicios en Sétima Legião, Rodrigo Leão ha demostrado un gusto exquisito y una sensibilidad poco común. Su música ha transitado con naturalidad desde los ecos del folclore y el fado portugués hasta posturas minimalistas, camerísticas y profundamente emocionales. A lo largo de las décadas, Leão se ha convertido en un sinónimo de belleza serena e inexcusable, un compositor fértil y tenaz que transmite, incluso antes de pulsar el play, una confianza plena en su obra: la casi certeza de que cada nueva escucha nos dejará plenos, cómodos y complacidos.
Con O Rapaz da Montanha, ese pacto implícito con el oyente se mantiene, pero el camino elegido es distinto. Este disco representa un giro significativo en su trayectoria, hasta el punto de haber sido definido por el propio artista como “el álbum más portugués” que ha grabado jamás. No se trata de un simple retorno a las raíces, sino de una relectura consciente y madura de la identidad musical portuguesa, marcadamente diferente de sus trabajos más recientes.
Portugal como centro emocional
El álbum está profundamente influenciado por el universo musical portugués de los años setenta, una época donde la canción era también herramienta de reflexión, resistencia y comunidad. Las referencias a figuras esenciales como José Afonso, José Mário Branco o Fausto no funcionan como citas nostálgicas, sino como un marco ético y estético desde el cual Leão construye su discurso actual.
Compuesto por 16 pistas, todas cantadas íntegramente en portugués, el disco se distingue claramente de producciones anteriores donde convivían varios idiomas. Sin embargo, su sello personal permanece intacto: un estilo reconocible, moldeado por influencias tan diversas como el tango, el pop británico, la música clásica y la tradición brasileña, que aquí se integran con mayor contención y sentido orgánico.
Como ha señalado el propio Leão:
“Es evidente que hay una conexión. Pero creo que mi público ya está acostumbrado a que los trabajos que edito sean muchas veces diferentes unos de otros, hasta porque mi música tiene tantas influencias.”
Un disco que nace de la voz y de lo íntimo
El proyecto comenzó a tomar forma a partir de la canción “Cadeira Preta”, compuesta hace tres años junto a su esposa y colaboradora habitual Ana Carolina Costa, autora de la mayoría de las letras del álbum. Desde ese primer impulso, el proceso creativo fue evolucionando hacia un método poco habitual en su carrera: Leão comenzó a cantar directamente las ideas, explorando su propia voz como instrumento narrativo y emocional.
Este enfoque más directo se extendió también a la grabación, donde participaron familiares, amigos y músicos cercanos en coros y voces, reforzando una sensación de comunidad y cercanía poco frecuente en producciones de esta envergadura.
Sonido, tradición y colaboración
En lo musical, O Rapaz da Montanha incorpora percusiones tradicionales portuguesas como adufes, bombos y tambores, elementos que aportan una atmósfera terrenal, ritual y profundamente arraigada en la cultura lusa. Estas texturas rítmicas dialogan con arreglos cuidados y una instrumentación sobria, donde cada sonido parece ocupar el lugar exacto.
Entre los colaboradores destacan músicos habituales de su banda de siete integrantes, junto a nombres clave como José Peixoto (guitarrista de Madredeus), Gabriel Gomes (Sétima Legião), el acordeonista Carlos Pereira y el cantante Francisco Palma. Este enfoque colaborativo refuerza la sensación de un disco grabado en ambiente familiar, donde la técnica se pone siempre al servicio de la emoción.
Un eslabón dentro de “Os Portugueses”
O Rapaz da Montanha se integra además en el proyecto más amplio “Os Portugueses”, iniciado por Rodrigo Leão a partir de la banda sonora del documental Portugal, um retrato social. En ese contexto, el álbum funciona como una meditación musical sobre el país, sus gentes y su memoria colectiva, abordada desde la intimidad y no desde el discurso grandilocuente.
“Guarda-te”: el arte de resistir en voz baja
Hoy me es difícil escoger qué canción destacar del disco, porque O Rapaz da Montanha es un trabajo extraordinariamente equilibrado, donde todas las canciones resultan evocadoras y necesarias. Aun así, termino decidiéndome por “Guarda-te”, quizá por su lirismo contenido, por lo que sugiere más que por lo que dice, y por esa mirada hacia mujeres subyugadas con un deseo íntimo de liberación que atraviesa la canción.
También pesa —y mucho— la voz maravillosa de Ana Vieira, capaz de transmitir fragilidad y firmeza al mismo tiempo. El tema comienza de forma casi desnuda, con la guitarra de João Eleutério acompañando esa voz excelsa, creando desde el primer instante una atmósfera de cercanía y recogimiento. A ello se suma uno de los sonidos más reconocibles dentro del universo de Rodrigo Leão: el acordeón, cálido y profundamente emocional, ejecutado con enorme sensibilidad por Celina da Piedade.
En “Guarda-te”, Rodrigo Leão firma uno de los momentos más íntimos y conmovedores del álbum. No es una canción que se imponga; al contrario, susurra, acompaña y permanece. Desde los primeros compases, la música se transforma en un espacio de protección emocional, casi un refugio sonoro donde todo parece pensado para cuidar al oyente.
Musicalmente, la canción se sostiene sobre un arreglo sobrio y delicado, en el que la voz se integra de manera natural con las texturas instrumentales. Nada sobra, nada irrumpe: cada nota respira, cada silencio dice algo. Es en esa contención donde Leão demuestra, una vez más, su dominio absoluto del espacio, el tiempo y la emoción.
Dentro del conjunto del disco, “Guarda-te” funciona como un gesto de cuidado. No busca el clímax ni el desgarro, sino algo más profundo y duradero: la calma que permanece cuando la canción termina. Un recordatorio suave pero firme de que, a veces, resistir también es un acto de ternura.
Conclusión
Con O Rapaz da Montanha, Rodrigo Leão no busca reinventarse, sino reafirmarse. El resultado es un disco profundamente humano, honesto y sereno, donde la tradición no es un peso sino un punto de apoyo. Una obra que confirma que, incluso en el cambio, la música de Leão sigue siendo un espacio de refugio y belleza esencial.
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