Eugene Friesen y el río que aprendió a cantar
Eugene Friesen no siempre supo que su violonchelo terminaría imitando el fluir del agua. Durante años, su mundo estuvo hecho de partituras, coros y disciplina clásica. Creció en una familia de raíces menonitas rusas, rodeado de canto coral y música sacra, donde el sonido era algo que se compartía más que algo que se exhibía. Esa idea —la música como acto comunitario— nunca lo abandonó.
Su formación fue rigurosa. Estudió en Yale, bajo la tutela del gran Aldo Parisot, uno de los maestros del chelo del siglo XX. Todo parecía indicar que su camino sería el de una carrera clásica tradicional. Pero algo no encajaba del todo. Mientras afinaba escalas y estudiaba repertorio académico, Friesen escuchaba también el pop de los años sesenta, fascinado por cómo grupos como The Beatles llevaban el chelo fuera de las salas de concierto y lo colocaban en el centro de la emoción popular. Allí comprendió que el instrumento podía decir mucho más de lo que la tradición le permitía.
El verdadero punto de inflexión llegó cuando comenzó a colaborar con el Paul Winter Consort. Con ellos, Friesen descubrió una forma distinta de entender la música: no como objeto cerrado, sino como experiencia viva, conectada con la naturaleza, la ecología y la conciencia humana. Durante una expedición en balsa por el río Colorado, mientras trabajaban en el álbum Canyon, la música dejó de ser una idea abstracta. Estaba en el golpe constante del agua, en el eco de los cañones, en la respiración colectiva del grupo avanzando río abajo.
De esa vivencia nació “River Music”.
La pieza, incluida como pista final de su álbum debut como solista, Arms Around You (1989), no fue pensada como una “composición” en el sentido clásico. Friesen no intentó describir el río: lo escuchó. El chelo avanza sin rigidez, acompañado por piano, sintetizadores, bajo y percusión, mientras el saxofón soprano de Paul Winter aparece como una corriente paralela. En ciertos momentos, Friesen suma su propia voz en armonías etéreas, casi como si el músico se fundiera con el paisaje que lo inspiró.
No hay urgencia en “River Music”. No hay un clímax que conquistar. La música fluye, se repliega, vuelve a avanzar. Como el agua, no necesita justificar su movimiento.
Esa filosofía atraviesa toda la vida de Friesen. Como profesor en el Berklee College of Music, ha dedicado décadas a enseñar improvisación a músicos formados en la tradición clásica, recordándoles que tocar no es solo ejecutar, sino escuchar profundamente. En su libro Improvisation for Classical Musicians, insiste en que la libertad no es ausencia de forma, sino confianza en el momento.
Hoy, desde su hogar en Vermont, Friesen sigue creando, enseñando y colaborando. Su música —ya sea en discos, conciertos o proyectos educativos como CelloMan— conserva esa cualidad esencial: no se impone, acompaña.
Escuchar “River Music” es aceptar una invitación sencilla y profunda: dejar de resistirse al movimiento y permitir que la música, como el río, nos lleve exactamente a donde necesitamos estar.
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