Esta podría ser una historia de hadas de alguien que estuvo en la cima absoluta del hard rock con grupos como Deep Purple y Rainbow, y que de manera casi antagónica decidió girar el timón hacia la música renacentista y medieval… sin pestañear tras conocer a su princesa.
Para muchos seguidores de Ritchie Blackmore, aquello nos pareció en su momento una auténtica blasfemia. Echamos pestes, renegamos y no entendimos nada. Pero con el tiempo uno se da cuenta de que lo que el rock perdió, lo ganó otro tipo de música. Eso sí, mucha gente se quedó por el camino y nunca más quiso saber nada de él.
Este artículo va dedicado precisamente a los que no le siguieron.
La historia de Blackmore’s Night se remonta a 1990, cuando Ritchie Blackmore, todavía guitarrista de Deep Purple, conoció a Candice Night. Ambos compartían un interés apasionado por el Renacimiento, la música antigua y la estética medieval.
Tras abandonar Deep Purple en 1993 y grabar con Rainbow su último disco, Stranger in Us All (1995), en el que Candice participó en los coros, Ritchie empezó a madurar una idea que llevaba tiempo rondándole la cabeza: llevar la música renacentista al público contemporáneo.
Y entonces ocurrió lo inevitable: el amor.
Ritchie Blackmore y Candice Night se enamoraron, se pusieron a jugar a trovadores y princesas… y fueron felices comiendo perdices.
Fin de la historia.
O casi.
Porque así podríamos resumir el final de la carrera rockera del “Dios” Ritchie Blackmore, sellada definitivamente en 1997 con Shadow of the Moon, un disco en el que se aleja absoluta y totalmente del rock para abrazar sin complejos el Renacimiento, el Barroco y el Medievo musical.
Cuando el autor de “Smoke on the Water” y líder de Rainbow se atrevió a semejante herejía, sus fans más recalcitrantes odiaron profundamente este primer disco del proyecto. Durante años, muchos culparon a Candice Night, viéndola como una especie de madrastra malvada de Disney que había apartado a Ritchie del rock.
Nada más lejos de la realidad.
De hecho, parece claro que fue Ritchie quien introdujo a Candice en estos mundos. Ella misma lo explicó con total claridad:
“Siempre me parece gracioso cuando la gente piensa que yo hice que Ritchie se decantara por esta música. Te diré dos cosas:
Nunca había escuchado música renacentista antes de conocerle.
NO PUEDES HACER QUE RITCHIE BLACKMORE HAGA ALGO SI NO QUIERE.
Nunca hicimos esta música para nadie más que para nosotros. Si a la gente le gusta, genial; si no, también. No seguimos modas ni tendencias. Hacemos lo que sentimos”.
En 1997, la pareja estaba lista para empezar un nuevo proyecto. El nombre surgió de la unión de sus apellidos: Blackmore’s Night.
El álbum debut, Shadow of the Moon, fue un éxito inmediato y contó incluso con la colaboración de Ian Anderson (Jethro Tull) tocando la flauta en “Play Minstrel Play”.
Los discos posteriores, especialmente Fires at Midnight, irían incorporando algo más de guitarra eléctrica, sin perder nunca su base de folk rock medieval.
Con el paso del tiempo, Candice Night fue ganando protagonismo, no solo como cantante, sino también tocando diversos instrumentos del Renacimiento. El grupo comenzó a actuar en ferias y festivales medievales, y a realizar giras por castillos europeos, con público vestido de época, como en la inolvidable gira “Castles and Dreams”.
El cambio de Ritchie Blackmore desde Deep Purple hasta Blackmore’s Night sigue siendo uno de los giros más extraños de la historia del rock. Hablamos de un guitarrista que sentó las bases del hard rock y que hoy en día, incluso, pide que no le soliciten canciones de Deep Purple en sus conciertos, llegando a amenazar con irse si ocurre.
Dentro de Shadow of the Moon, hay auténticas joyas. Una de las más emotivas es “Wish You Were Here”, una balada cargada de melancolía y añoranza.
La voz dulce de Candice Night, junto a la guitarra acústica de Blackmore, crea un ambiente íntimo y nostálgico, evocando paisajes lejanos y recuerdos suspendidos en el tiempo. Musicalmente, combina elementos renacentistas con un enfoque moderno, y es quizá el tema que más recuerda al Blackmore de Deep Purple, por su sensibilidad melódica.
El tema de apertura, “Shadow of the Moon”, es otro momento clave: una pieza preciosa para el lucimiento de la guitarra acústica de Blackmore y la voz angelical de Candice. Bellos arreglos, una melodía envolvente y una introducción perfecta a lo que será el disco en su conjunto.
En el resto del álbum, el enfoque es más folk medieval, dejando claro que este no es un capricho pasajero, sino una decisión artística firme y honesta.
Puede gustarte o no.
Pero Shadow of the Moon no es una traición: es el reflejo de un músico que decidió ser fiel a sí mismo, aunque eso significara perder parte de su público por el camino.
Y eso, al final, también es música… aunque suene a la luz de las velas.
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