Winter Consort: una travesía musical hacia lo espiritual y lo global
El proyecto liderado por Paul Winter comenzó a llamar la atención pública en 1961, cuando ganó un festival universitario de jazz en Notre Dame. Uno de los jueces, John Hammond, quedó tan impresionado que firmó al grupo con Columbia Records, impulsando su proyección internacional.
En 1962, la banda fue enviada en una gira del Departamento de Estado por América Latina, una experiencia que sembró un profundo cambio estético en Winter. A partir de ese viaje, su visión musical se abrió hacia los ritmos, timbres y tradiciones del mundo. Para 1967, abandonó el formato tradicional de jazz e incorporó instrumentos no occidentales, transformando al grupo en uno de los primeros exponentes de lo que más tarde se llamaría world music, fusionando influencias africanas, asiáticas y sudamericanas con el jazz contemporáneo.
Con el tiempo, varios miembros más inclinados hacia la experimentación —entre ellos Ralph Towner, Paul McCandless, Collin Walcott y Glen Moore— se separaron para formar el icónico cuarteto Oregon.
Mientras tanto, Paul Winter profundizaba su conexión entre música y naturaleza. Participó con Greenpeace, grabó el canto de ballenas en la costa de California, y convirtió ese material en el álbum Common Ground (1977). Desde 1980 dirige una organización dedicada a promover la relación entre música, espiritualidad y salud ambiental, presentándose frecuentemente en espacios con acústicas naturales como el Gran Cañón o la Catedral de St. John the Divine en Nueva York.
El álbum Icarus (1971): un vuelo sonoro hacia lo sublime
El Winter Consort alcanzó uno de sus puntos más altos con Icarus (producido por George Martin), un álbum que combina con maestría la sensibilidad folk, la improvisación jazzística y un espíritu contemplativo profundamente humano. Con arreglos elegantes y una atmósfera que oscila entre lo etéreo y lo terrestre, Icarus se considera una obra clave en la historia del fusion y del naciente sonido acústico global de los años 70.
La participación de músicos como Ralph Towner y Paul McCandless aportó al disco una madurez armónica y tímbrica excepcional. El resultado es un paisaje musical que sigue siendo, hasta hoy, un referente para quienes buscan una experiencia sonora meditativa y emocionalmente expansiva.
“The Silence of Candle”: la quietud hecha música
Dentro del universo de Icarus, la pieza “The Silence of Candle” destaca por su delicadeza. Se trata de una composición que evoca la intimidad de la luz, el silencio cálido de una habitación iluminada por una vela y la sensación de pausa interior. Con líneas instrumentales suaves y una melodía que respira, la canción captura ese instante suspendido entre la introspección y la contemplación.
Es una obra que encarna perfectamente la filosofía de Winter: la música como puente hacia la armonía interna, la naturaleza y lo sagrado.

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