Van Morrison suele destacar por canciones con una energía más vital , canciones cargadas de soul, de fuerza y de esa espiritualidad arrebatadora que siempre lo acompaña. Sin embargo, hoy damos un giro hacia otro territorio, uno más silencioso y contemplativo. Dejamos a un lado su voz —esa voz inconfundible que suele ser el eje de su música— para adentrarnos en un espacio donde la emoción fluye sin palabras.
El protagonista de esta vez es “Celtic Excavation”, una pieza puramente instrumental que revela el costado más íntimo de Morrison. Un viaje hacia el interior, donde cada nota parece escarbar en las profundidades del alma celta, invitándonos a escuchar con el corazón más que con los oídos.
En el vasto y ecléctico universo musical de Van Morrison, el cantautor norirlandés ha sabido tejer himnos del alma celta con toques de jazz, blues y espiritualidad. Pocos álbumes capturan esa esencia introspectiva como Poetic Champions Compose (1987). Lanzado en septiembre de ese año por Mercury Records, este disco —el decimoséptimo de estudio— marca un giro hacia lo contemplativo, con un énfasis en la éxtasis, purificación y renovación.
Originalmente concebido como un trabajo instrumental de jazz, el álbum evolucionó para incluir voces que exudan calma y optimismo, fusionando rock suave, baladas meditativas y arreglos de cuerdas y vientos madera. Grabado en los Wool Hall Studios de Beckington durante el verano de 1987, con Morrison a cargo de la producción, Poetic Champions Compose se erige como un bálsamo poético en medio de la efervescencia sonora de los ochenta.
“Celtic Excavation”: Una Excavación al Alma Celta
Abriendo el lado B del vinilo, “Celtic Excavation” (3:17) actúa como una excavación metafórica en las raíces espirituales y culturales de Morrison. Es una pieza instrumental pura, sin artificios, donde su saxo alto serpentea como un río místico entre las brumas del norte de Irlanda. A su lado, el piano de Neil Drinkwater y la percusión contenida construyen una atmósfera de recogimiento y melancolía luminosa.
En este tema no hay voz, pero todo canta. Canta el aire que vibra entre notas, canta el silencio entre fraseos, canta esa Irlanda interior que Morrison lleva siempre consigo. La pieza evoca paisajes antiguos, colinas verdes y memorias ancestrales, pero también una paz casi zen, fruto de su fascinación por la filosofía de Alan Watts y el pensamiento oriental.
Críticos y oyentes han coincidido en considerarla uno de los momentos más bellos y sutiles del álbum. Algunos la definen como un “highlight significativo”, una joya que combina funky suave y espiritualidad celta, perfecta para cerrar los ojos y dejarse llevar. En listas modernas de jazz celta o meditación, “Celtic Excavation” sigue brillando como una pieza atemporal, un refugio sonoro donde el alma puede detenerse a respirar.
Legado y Resonancia en 2025
Casi cuatro décadas después de su lanzamiento, Poetic Champions Compose —y en especial “Celtic Excavation”— sigue siendo un disco esencial para comprender la evolución del Morrison más introspectivo. Un álbum que sirve de puente entre su energía soul de los setenta y su espiritualidad madura de los noventa, cuando llegaría Avalon Sunset.
En un mundo acelerado, esta “excavación celta” nos invita a hacer una pausa y desenterrar lo esencial: la belleza, la calma, la conexión con nuestras raíces. Porque, como sugiere Morrison sin decir una palabra, hay veces que el alma solo se revela en el silencio
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