Hoy el timeline se viste de incienso y amaneceres japoneses porque regresamos a uno de los discos que marcaron el nacimiento del Kitarō que todos conocemos: Oasis.
Corría 1979 y Kitarō (Masanori Takahashi) acababa de dejar la Far East Family Band, agotado del rock psicodélico occidentalizante. Se retiró casi en soledad a los montes de Yamanashi, acompañado únicamente por un puñado de sintetizadores analógicos (Moog, ARP Odyssey, Roland, Korg), una guitarra acústica, flautas, koto, taiko y una idea firme: crear una música que sonara a Japón sin caer en el cliché folclórico, una música que hablara de espiritualidad, de paisaje y de silencio.
El resultado fue Oasis, un álbum grabado casi en directo, con mínima postproducción, que aún hoy suena como si el viento de los Alpes japoneses entrara por la ventana del estudio. Un disco seminal, íntimo, atmosférico, donde el Kitarō más puro empezó a tomar forma.
Entre todas sus piezas, dos temas brillan con luz propia: “Shimmering Horizons” y “Fragrance of the Nature”, auténticos pilares del ADN que años después reconoceríamos en Silk Road, en sus bandas sonoras y en sus obras premiadas.
“Shimmering Horizons” se abre con suaves arpegios de guitarra sobre un fondo que evoca un viento lejano, mientras los teclados introducen una melodía 100% sonido Kitarō. Aquí estaba cimentando su estilo: temas envolventes, melodías claras, clímax suaves pero firmes que crecen sin apresurarse. La pieza es una auténtica delicatessen sonora, y casi sin darnos cuenta se funde —mediante un precioso desvanecimiento— con la siguiente pista.
Ese fundido nos lleva a “Fragrance of the Nature”, un tema más rítmico y vibrante, donde Kitarō despliega una energía que recuerda, por momentos, al espíritu secuencial de Tangerine Dream. Aquí se nota su dominio absoluto sobre los sintetizadores: capas rítmicas, modulaciones fluidas y un avance hipnótico. Hacia el minuto 4:30, la música desciende del torbellino y Kitarō nos regala una melodía suave, casi purificadora, que funciona como un renacer interior.
Oasis, como suele ocurrir con las obras adelantadas a su tiempo, no fue un éxito inmediato. En Japón lo recibieron con extrañeza; en Occidente, tardó años en circular. Pero quienes lo escucharon en casetes pirata o en emisoras nocturnas de onda media saben que allí nació el Kitarō que más tarde conquistaría al mundo. En este disco está el germen de todo:
la fusión oriente-occidente, el respeto por el espacio vacío, la convicción de que la electrónica también puede ser espiritual sin ser religiosa.
Si nunca lo escuchaste completo, hoy es el día. Ponlo desde el inicio, baja las luces, y deja que “Fragrance of the Nature” te lance al espacio y “Shimmering Horizons” te traiga de vuelta, renovado, a la orilla de un lago de montaña que tal vez nunca visitaste… pero que, de algún modo, reconoces.
Kitarō en estado puro, antes de que el mundo lo convirtiera en leyenda.
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