Michael Nyman – “Memorial”: la música que llora sin lágrimas
Hay composiciones que parecen brotar del dolor humano más profundo, pero que, en lugar de llorar, se erigen como monumentos sonoros. “Memorial” de Michael Nyman es una de ellas. Es la clase de pieza que comienza como un susurro fúnebre y termina abriéndote el pecho con una belleza cruel, casi insoportable.
Cada compás es una plegaria contenida; cada repetición, una herida que no se cierra.
El arquitecto del cine hecho ópera
Nyman ocupa un lugar singular en la historia de la música contemporánea: el arquitecto de soundtracks que transforman el cine en ópera visual.
Compositor británico nacido en 1944, erudito del barroco y renovador del minimalismo, su estilo combina precisión matemática con una emotividad intensa y contenida. Su colaboración con el cineasta Peter Greenaway dio forma a un universo único, donde el ojo y el oído narran juntos. Obras como The Draughtsman’s Contract (1982) o Drowning by Numbers (1988) son ya clásicos de esa alquimia visual-sonora.
Pero fue en The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover (1989) donde Nyman alcanzó una cima inigualable. En esta película, Greenaway construyó una fábula grotesca sobre la codicia, el deseo y la venganza, y Nyman respondió con una música que no acompaña la imagen: la devora.
El contexto: del horror de Heysel al arte del duelo
Memorial nació en 1985, en medio del espanto. Durante la final de la Copa de Europa entre Liverpool y Juventus en el estadio de Heysel (Bruselas), 39 aficionados —en su mayoría italianos— murieron aplastados por una avalancha provocada por la negligencia policial.
Nyman, apasionado del fútbol y admirador de Henry Purcell, compuso “Memorial” como una marcha fúnebre para soprano, cuerdas, saxofones y el sonido espectral de un theremín.
Inspirada en el aria “What Power Art Thou” de la ópera King Arthur (1691), la obra se construye sobre un bajo descendente repetido —el llamado ground bass—, que se repite con obstinación hasta convertirse en un mantra del duelo. No es el minimalismo frío de la escuela norteamericana: es una corriente emocional que se acumula como capas de nieve sobre tumbas recientes.
Estrenada el 15 de junio de 1985, Memorial fue interpretada solo una vez en su forma original. Era un réquiem para los inocentes, una elegía sin palabras.
“Muevo notas en una página, pero el contexto las hace emocionales”, diría Nyman años más tarde.
De la tragedia al cine: el lamento convertido en sátira
En 1989, Peter Greenaway vuelve a llamar a Nyman. Le pide algo “triste, fantasmal, devastador… pero con humor negro”. El compositor rescata Memorial del silencio y la reconfigura para la película The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover.
La cinta, ambientada en un restaurante londinense, es una parábola sobre el poder y la decadencia. Michael Gambon interpreta a Albert Spica, un mafioso glotón que devora todo a su paso, mientras su esposa (Helen Mirren) trama una venganza que culmina en un banquete macabro.
Y ahí, en el clímax final, resuena Memorial: el bajo purceliano late bajo la escena más brutal y simbólica. El duelo se transforma en ironía. La música —solemne, inmóvil, desgarradora— cubre de dignidad un acto de horror.
Nyman grabó la versión para la película con su Michael Nyman Band —doce músicos excepcionales entre los que se encontraban el violinista Alexander Balanescu y el saxofonista John Harle—, en los legendarios estudios Abbey Road y Olympic.
El resultado fue un álbum de cinco extensas piezas donde la música parece avanzar como una procesión: majestuosa, dolorosa, implacable.
La resurrección: Hillsborough y el poder de la memoria
Pero Memorial no quedó allí. Tras el desastre de Hillsborough (1989), donde 96 hinchas del Liverpool murieron en circunstancias similares, Nyman volvió a mirar su obra con otros ojos.
En 1996, compuso una versión especial —Hillsborough Memorial— en la que los nombres de las víctimas eran cantados sobre el mismo bajo purceliano. Fue interpretada una sola vez, durante la Eurocopa de 1996, como un acto de catarsis colectiva.
En 2014, Nyman cerró el círculo con su Sinfonía No. 11, estrenada en la Catedral de Liverpool. Cuatro movimientos de simbolismo numérico y emocional culminaban con una reescritura de Memorial para orquesta y mezzo-soprano.
“La música no llora —dijo—, se acumula hasta estallar.”
Epílogo: el eco que no cesa
Memorial es más que una composición: es una conciencia.
Nació del dolor, fue transformada por el arte y terminó convirtiéndose en un espejo de la humanidad. Su poder no reside solo en lo que expresa, sino en lo que calla: ese silencio entre repeticiones donde habita la memoria colectiva.
Escucharla es como caminar por una catedral invisible donde cada nota es una lápida, y cada crescendo, una súplica.
Hay música que consuela. Memorial no lo hace: nos recuerda.
Y en esa memoria, Nyman nos entrega algo más que belleza: nos da verdad.

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