El reencuentro del Espiritu de Yes
No es muy normal que traiga a este blog canciones que vengan del rock progresivo, pero lo cierto es que el rock progresivo ha dado momentos de belleza excelsa como este The Meeting, del grupo Anderson Bruford Wakeman and Howe, en resumidas cuentas, los integrantes del mítico grupo Yes.
A finales de los años ochenta, el panorama musical de Yes era complejo. El grupo había perdido buena parte de su identidad original, aquella que en los setenta lo había convertido en una referencia del rock progresivo más espiritual y sinfónico. Los nuevos tiempos habían traído una orientación más comercial, dominada por sintetizadores brillantes y estructuras pop, con discos como 90125 que, aunque exitosos, poco tenían que ver con la esencia mística y elaborada de los primeros años.
Por eso, cuando se anunció la reunión de Jon Anderson, Bill Bruford, Rick Wakeman y Steve Howe, sentí una gran expectación. Eran, al fin y al cabo, el alma del Yes primigenio, los arquitectos de aquel sonido majestuoso que marcó una época. Sabía que, más allá del nombre que legalmente no podían usar, su regreso era algo más que un proyecto musical: era un reencuentro con una forma de entender la música desde la profundidad, la emoción y la búsqueda de la belleza.
El disco Anderson Bruford Wakeman and Howe (1989) nació precisamente de ese espíritu. Era un intento de volver a los orígenes, de recuperar la magia perdida, y dentro de él se encuentra The Meeting, una joya de serenidad y pureza. Solo con la voz celestial de Jon Anderson y el piano de Rick Wakeman, la canción construye un espacio suspendido en el tiempo, lleno de paz y ternura.
No hay virtuosismo desmedido ni complejidades técnicas, solo emoción. The Meeting es una conversación entre almas, un reencuentro musical y espiritual que trasciende las notas. La letra sugiere esa idea de comunión, de volver a encontrarse después de un largo viaje, algo que parece reflejar también el propio reencuentro de estos músicos excepcionales.
Y es que el título, The Meeting, no podría ser más simbólico: la reunión. La reunión de cuatro viejos compañeros que volvieron a encontrarse con su esencia, con su público y con su propio espíritu creador. Escuchar esta canción fue, para mí, asistir a ese momento de reencuentro, sentir cómo la llama del verdadero Yes volvía a encenderse, suave pero luminosa, recordándome que la música, cuando nace del alma, siempre encuentra el camino de regreso.
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