Adiemus IV: The Eternal Knot – Ecos de una Irlanda mítica
Con Adiemus IV: The Eternal Knot (2001), Karl Jenkins nos propone un viaje musical profundamente arraigado en la memoria celta. A diferencia de los tres discos anteriores de la serie Adiemus —más abstractos y universales—, The Eternal Knot adopta un enfoque temático más concreto, funcionando originalmente como banda sonora para la serie documental británica The Celts. El resultado es un álbum que fusiona música sinfónica, elementos celtas y una evocación emocional de tiempos legendarios.
En este trabajo, Jenkins reemplaza la exuberancia vocal de las entregas anteriores por una mayor presencia instrumental. El álbum está lleno de texturas que beben de la tradición celta: cuerdas líricas, percusiones tribales, flautas pastorales y, en ocasiones, ese aire épico que recuerda a paisajes verdes y lluviosos cubiertos por la bruma.
Uno de los momentos más sublimes del disco es la pieza The Wooing of Étaín, basada en una de las leyendas más poéticas de la mitología irlandesa. Étaín, diosa del amor y la transformación, es deseada por el rey Midir, y su historia transcurre entre reencarnaciones, pérdidas y encuentros que trascienden el tiempo.
Aquí, la voz no es humana, sino la gaita irlandesa de Davy Spillane, cuya interpretación convierte la melodía en un lamento profundo y melancólico. Spillane, uno de los grandes maestros del instrumento, dota a la pieza de una expresividad que corta la respiración. La gaita canta, llora y suspira, como si canalizara directamente el alma de Étaín, atrapada entre dos mundos.
The Wooing of Étaín no necesita palabras para conmover. Su fuerza reside en la capacidad de sugerir emociones a través del timbre único de la gaita, respaldada por un acompañamiento orquestal contenido pero envolvente. Es una de esas composiciones que logran detener el tiempo, sumergiéndonos en un paisaje sonoro tan antiguo como eterno.
The Eternal Knot es, en definitiva, uno de los discos más maduros y atmosféricos de Karl Jenkins. Lejos de los grandes gestos, es una obra introspectiva, cargada de simbolismo y de una belleza contenida que brota desde lo ancestral. Un disco que se escucha con los oídos… y se recuerda con el alma.
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