Paul Mounsey – Nahoo
Paisajes escoceses al ritmo del trópico
Paul Mounsey es un compositor escocés que ha hecho de la música una cartografía personal, donde el norte de su tierra natal se funde con el calor y la vitalidad de Brasil. Nacido en Alness, en las Highlands escocesas, Mounsey lleva años residiendo en São Paulo, y desde allí ha construido un universo musical tan particular como fascinante. Sus discos Nahoo y Nahoo Too, editados por Iona Records, han causado una gran impresión en oyentes de ambos hemisferios. Mientras unos lo aclaman por su audacia y frescura, otros lo han visto como un provocador musical por atreverse a fusionar tradición gaélica con ritmos brasileños, electrónica y técnicas de producción propias de los años 90.
Al instalarse en Brasil, Paul Mounsey comenzó a trabajar en la industria del audio comercial como director creativo para la discográfica Play It Again, componiendo música para cine, televisión y publicidad. Esta faceta le permitió sostenerse económicamente mientras desarrollaba su verdadera pasión: una obra musical personal, arriesgada y profundamente emocional.
Mounsey compone como quien descubre mundos secretos. Se sumergió en archivos antiguos de la Escuela de Estudios Escoceses de Edimburgo, donde encontró viejos cánticos gaélicos que sampleó y reimaginó. A esos registros les añadió ritmos brasileños, una base de sonido electrónico sutil, y sobre todo su toque mágico. El resultado es pura belleza: una música que respira aire de montaña y arena de playa, que evoca tanto lo ancestral como lo contemporáneo.
Su disco Nahoo es un viaje. Desde los primeros compases, sentimos que no estamos frente a una obra común. Aquí no hay etiquetas posibles. Nahoo es paisaje sonoro, trance emocional, y tributo a la memoria y a la imaginación.
Una de las canciones más impactantes del álbum es “As Terras Baixas de Holanda”, una pieza donde la voz femenina entona un canto que parece venir del tiempo y no del espacio. La melodía está envuelta en texturas electrónicas, tambores con sabor afrobrasileño y una atmósfera envolvente que hipnotiza. El título, que significa “las tierras bajas de Holanda”, podría remitirnos a los paisajes planos de lo rural escocés, o a un lugar imaginario donde se cruzan culturas y tiempos. La canción es, sobre todo, una evocación: delicada, profunda, llena de misterio y resonancia emocional.
Otra joya del disco es “From the EB Flood”, una pista que se desliza como un río antiguo. Aquí la electrónica se funde con capas corales, pulsos orgánicos y sonidos que parecen emanar del corazón de la tierra. Es una pieza introspectiva, melancólica pero también luminosa, como si estuviésemos escuchando las voces de nuestros antepasados hablándonos desde la niebla.
Mounsey lo explica con claridad: “Esta música no se trata de revivir el pasado, sino de usarlo como material para crear algo nuevo”. Y eso es precisamente lo que logra: no es nostalgia, es renovación. No es pastiche, es alquimia.
Paul Mounsey ha demostrado que la música celta no está encerrada en un museo, sino que puede danzar con el tambor de Bahía, flotar entre samplers, y seguir diciendo cosas importantes en pleno siglo XXI. Nahoo no es un disco más: es una experiencia.


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