David Antony Clark – Terra Inhabitata: Un viaje sonoro a lo Ancestral
Nacido en Dunedin, ciudad sureña de Nueva Zelanda, David Antony Clark creció alimentándose musicalmente de folk y rock británico. Desde los 15 años, comenzó a tocar en bandas como guitarrista acústico y bajista, recorriendo los rincones más remotos de su país. Durante su tercera década de vida, vivió en varios países europeos —Irlanda, Francia, Alemania y Austria— donde impartió clases de inglés y música.
Más tarde, un extenso viaje por la llamada ruta hippie lo conectó con las culturas de Oriente Medio, el subcontinente indio, Nepal, y América del Sur y Central, regiones a las que regresa con frecuencia en busca de inspiración espiritual y sonora.
Su encuentro con Jon Mark, exintegrante de la banda Mark-Almond, y con su socia Thelma Burchell, fue decisivo. Le invitaron a unirse al sello Naxos/White Cloud, lo que marcó un punto de inflexión en su carrera. Allí conoció a otros artistas neozelandeses como Philip Riley y Peter Pritchard, con quienes mantiene vínculos creativos hasta el día de hoy.
David Antony Clark no es solo un músico; es un cartógrafo del alma humana. Su obra recoge ecos de civilizaciones olvidadas, sonidos de la naturaleza virgen y la sabiduría de culturas milenarias. Su brújula es el oído atento, su sextante son los sintetizadores y su mapa es el corazón del oyente.
Terra Inhabitata: la tierra antes de nosotros
Hay discos que no solo se escuchan: se experimentan. Terra Inhabitata es uno de esos viajes musicales que nos saca de lo cotidiano para llevarnos hacia lo desconocido, hacia lo ancestral, hacia un mundo donde la naturaleza y lo espiritual se entrelazan en una danza profunda y envolvente.
En este disco, el foco se pone en lo primordial, en territorios no colonizados, en espacios vírgenes tanto físicos como espirituales. Es un homenaje a la tierra antes de la intervención humana, una tierra que aún resuena con los ecos de lo sagrado.
Musicalmente, el álbum fusiona sonidos étnicos, ambientales y electrónicos, con una clara vocación cinematográfica. Se escuchan flautas de sonoridad exótica, tambores tribales, cantos guturales, percusiones orgánicas y sintetizadores atmosféricos. Cada sonido está dispuesto para evocar paisajes lejanos y misteriosos: selvas profundas, desiertos silenciosos, cordilleras majestuosas y cielos intocados por la luz artificial.
Cada pista es como un capítulo de una expedición sensorial. Terra Inhabitata no es un álbum de escucha rápida. Es un disco para cerrar los ojos, respirar profundamente y dejarse llevar. Funciona como un rito de paso: uno entra siendo alguien y sale siendo otro, ligeramente más en paz, más conectado con el planeta y con uno mismo.
Entre las piezas más notables del álbum, destaca Flight of the Giant Eagle, una composición que sintetiza a la perfección la estética de Clark. Desde los primeros compases, se siente como si estuviéramos flotando sobre una vasta extensión de tierra virgen. La canción comienza con una atmósfera amplia y reverberante, donde un canto ancestral se entremezcla con el silbido del viento y los latidos profundos de un tambor tribal.
Poco a poco, una melodía hipnótica va emergiendo, evocando el vuelo majestuoso de un águila gigante que surca los cielos de un mundo aún no mancillado por la civilización. La sensación de altura, de soledad y de grandeza es palpable. La música no sigue una estructura tradicional: no hay estribillos ni giros predecibles. Más bien, se trata de una evolución orgánica, como una corriente de aire que sube, planea, se eleva, y luego desaparece en la inmensidad del cielo.
Pocos artistas logran crear paisajes sonoros tan envolventes como David Antony Clark. Terra Inhabitata es uno de esos álbumes que se sitúan entre la música electrónica de exploración espiritual y la evocación de un territorio mítico y ancestral. Su título —"Tierra Inhabitada"— ya nos invita a adentrarnos en un espacio que desafía la lógica del tiempo y la geografía, un lugar que no pertenece al mundo tal como lo conocemos, pero que, sin embargo, se siente profundamente real.
Este disco, además, es una joya difícil de clasificar. ¿Es new age? ¿World music? ¿Ambient étnico? Tal vez todo eso y más. Terra Inhabitata es una obra libre, sin ataduras de género, pero profundamente conectada con las emociones humanas más elementales: la nostalgia, la curiosidad, el deseo de explorar y comprender lo desconocido.
Escucharlo con atención —preferiblemente con audífonos y en un espacio tranquilo— es permitir que la mente viaje hacia horizontes inexplorados. Es dejarse llevar por una brisa que viene de otro tiempo, de otra tierra. Es, en definitiva, cruzar el umbral de una tierra habitada por la música más pura.
.jpg)

Comentarios
Publicar un comentario