Descubrir al grupo Shadowfax no fue tarea fácil , empecé a conocer a este grupo minoritario por estos lares gracias a los discos recopilatorios del sello Windham Hill, un sello discográfico fundado en 1976 por Will Ackerman, especializada en new age, jazz fusión y música acústica. Bajo este sello, artistas como George Winston, Liz Story y Alex de Grassi alcanzaron fama internacional. Pero fue Shadowfax quien realmente captó mi atención por su forma diferente de entender la música, fusionando jazz con sonidos del mundo y esa esencia contemplativa del new age que resultaba tan atractiva. Desde entonces, seguí su pista hasta llegar al disco Pure Shadowfax.
Quiero tomarme un rato para hablar de Pure Shadowfax, un álbum de 2006 que no solo es una recopilación de grandes temas, sino también un reflejo de la fascinante historia de la banda, que dejó una huella única en la música instrumental. Para entender este disco, hay que viajar un poco al pasado y conocer de dónde vienen estos músicos y cómo lograron crear un sonido tan especial.
Shadowfax nació en la década de 1970 en Chicago, cuando un grupo de amigos músicos empezó a experimentar con una mezcla de géneros poco común en esa época. Liderados inicialmente por el multiinstrumentista Chuck Greenberg, quien tocaba el saxofón y la flauta con una pasión increíble, la banda tomó su nombre de los caballos mágicos de El Señor de los Anillos de Tolkien, lo que ya te da una pista de su espíritu imaginativo. En sus primeros días, su música se acercaba más al rock progresivo y al jazz fusión, con influencias de bandas como Mahavishnu Orchestra o Return to Forever, pero pronto encontraron su propio camino al incorporar elementos de world music.
A principios de los 80, la banda se mudó a California, y fue ahí donde su estilo realmente floreció. Greenberg, junto a músicos talentosos como G.E. Stinson en la guitarra y Phil Maggini en el bajo, empezó a experimentar con instrumentos exóticos como el birimbao, el koto japonés y percusiones de diversas culturas. Esta mezcla los llevó a ser pioneros del movimiento new age, aunque ellos siempre se resistieron a encasillarse en una sola etiqueta. Su primer gran éxito llegó con el álbum Shadowfax en 1982 bajo el sello Windham Hill, una discográfica que apostó por artistas que rompían moldes. Canciones como Angel's Flight mostraron su habilidad para crear atmósferas que eran relajantes pero llenas de vida.
El punto más alto de su carrera llegó en 1988, cuando ganaron un Grammy al Mejor Álbum New Age por Folksongs for a Nuclear Village, un disco que combinaba crítica social con melodías hipnóticas. Sin embargo, la tragedia golpeó en 1995 cuando Chuck Greenberg falleció inesperadamente por un ataque al corazón durante una gira. Su muerte marcó el fin de la formación original, pero el legado de Shadowfax quedó inmortalizado en su música.
Pure Shadowfax, lanzado en 2006, es como un homenaje póstumo que reúne lo mejor de esos años dorados. Incluye temas icónicos como Shadowdance, con su ritmo pulsante y su energía casi mística, y The Dreams of Children , que te lleva a un lugar de calma y reflexión. También hay espacio para piezas como Another Country, que muestra esa fusión de culturas que tanto los definió. El disco no solo es una mirada al pasado, sino una prueba de que su música sigue resonando décadas después. Escucharlo es como recorrer la evolución de una banda que nunca tuvo miedo de explorar, desde sus raíces en el jazz hasta su reinvención como embajadores del new age.
Para mí, lo que hace especial a Shadowfax es cómo lograron que cada instrumento contara una historia. No es solo música de fondo; es un viaje emocional que te invita a imaginar. Si no los conoces, te invito a darle una oportunidad a Pure Shadowfax.
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