Two Steps From Hell – Dragon y la joya “Emerald Princess”
Dragon es un disco que me llegó por recomendación de algún amigo, de esos descubrimientos que aparecen de puntillas, sin hacer mucho ruido pero que terminan dejando una huella profunda. No sabía muy bien qué esperar, y sin embargo, poco a poco me fue descubriendo un mundo nuevo, lleno de música que me sorprendía por su fuerza, su belleza y esa manera tan cinematográfica de construir paisajes sonoros. Era música que parecía hecha para películas, con una épica desbordante, pero Thomas Bergersen y Nick Phoenix lo hacían casi sin despeinarse.
Este disco no solo me abrió la puerta a la música de Two Steps From Hell, sino que también me descubrió a Thomas Bergersen como compositor en solitario, un auténtico genio moderno. Su obra Humanity ha sido, desde entonces, uno de los mayores hallazgos musicales en mi camino.
Dragon es el undécimo álbum de estudio creado por la productora musical Two Steps From Hell, lanzado el 18 de enero de 2019. Consta de 19 pistas escritas por los compositores Thomas Bergersen y Nick Phoenix, y presenta interpretaciones vocales de Merethe Soltvedt, Felicia Farerre y Uyanga Bold. También participan músicos destacados como Chris Bleth y Claudio Pietronik, quienes aportan interpretaciones instrumentales específicas que enriquecen aún más la experiencia sonora. La portada, por cierto, es obra de Steven R. Gilmore, y refleja perfectamente el espíritu fantástico y poderoso del álbum.
Entre todas las pistas, hay una que se ha quedado grabada en mí: “Emerald Princess”. Esta canción, firmada por Thomas Bergersen, es un ejemplo perfecto de su capacidad para fusionar dentro de una misma pieza elementos de música Folk, música orquestal, música épica y toques de música Pop.
La canción inicia con un motivo melódico casi susurrado, etéreo, que va tomando cuerpo poco a poco, como si estuviéramos observando la aparición de una princesa de esmeralda en medio de un bosque encantado. Las cuerdas tejen una atmósfera mágica, mientras los vientos y la percusión elevan el dramatismo y la épica. Hay un equilibrio admirable entre lo íntimo y lo grandioso, entre lo tierno y lo heroico. Suena grandiosa, pero también tiene una sensibilidad especial, como si detrás de cada nota hubiera una historia antigua por contar, una princesa envuelta en misterio, una leyenda escrita con sonidos.
Escuchar Emerald Princess es dejarse llevar por una emoción que crece, se transforma, y finalmente estalla en un clímax profundamente cinematográfico. Es en canciones como esta donde uno entiende que la música puede contar historias sin una sola palabra, solo con la fuerza del arte bien hecho.

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