Hay artistas que regresan a este blog casi por inercia, no por insistencia, sino por necesidad. Wim Mertens es uno de ellos. Su presencia se ha repetido especialmente este mes, y no es casualidad: su obra es tan extensa y la calidad que mantiene a lo largo del tiempo es tan constante, que resulta difícil no pensar en él cuando busco música que merezca ser escuchada con calma, sin prisas ni distracciones. Hay compositores que piden silencio, atención y cierta disposición emocional, y Mertens pertenece claramente a ese grupo.
Hoy quiero volver a detenerme en What You See Is What You Hear, un disco acompañado de una grabación en DVD a la que he regresado en innumerables ocasiones. No solo por la música en sí, sino porque ver a Wim Mertens en directo, arropado por su Ensemble, es una experiencia casi hipnótica, un espectáculo que trasciende lo puramente sonoro y se convierte en algo profundamente físico y emocional.
What You See Is What You Hear es un concierto memorable, capturado con una intensidad que el formato DVD consigue transmitir con fidelidad. Cada gesto, cada pausa y cada entrada de los instrumentos refuerzan la sensación de estar ante un momento único. No es únicamente un testimonio del virtuosismo de Mertens, sino también una demostración de cómo el formato ensemble amplía y eleva la dimensión de su música. Rodearse de otros músicos no diluye su discurso; al contrario, lo engrandece, aportando capas, matices y una profundidad que sería imposible en un formato más reducido.
Lo que realmente destaca en este concierto es la manera en que, junto a su orquesta, cada pieza se transforma en una experiencia envolvente. La música fluye con una fuerza orgánica, expansiva, que envuelve al oyente casi sin darle opción a resistirse. Hay una sensación de amplitud en cada acorde, en cada cambio de ritmo, y la combinación de piano, cuerdas y viento construye una atmósfera rica, densa y profundamente emocional, difícil de describir solo con palabras.
Entre todos los temas que conforman el concierto, hoy me gustaría detenerme especialmente en “Not at Home”, una de las piezas más emblemáticas de este trabajo. Es una composición que, desde sus primeros compases, establece una tensión fascinante, como si se tratara de una narración musical que nos conduce por distintos paisajes emocionales. Mertens juega con las texturas, los silencios y las repeticiones de una forma magistral, creando un espacio sonoro que parece suspendido fuera del tiempo.
Me encanta cómo la pieza va in crescendo: comienza con Mertens al piano, casi en soledad, y poco a poco se van incorporando el resto de los instrumentos, sumando capas y densidad hasta construir un clímax progresivo, cargado de intensidad emocional. Es un crecimiento lento, contenido, pero implacable, que termina atrapando por completo al oyente.
Cada vez que escucho “Not at Home”, tengo la sensación de ser transportado a otro lugar, como si estuviera en una habitación vacía, donde solo la música ocupa el espacio y el tiempo parece detenerse. Es un tema que, por más veces que lo escuche, siempre consigue tocarme de una forma distinta, y ahí reside gran parte de su grandeza.
Por todo ello, este disco en directo se convierte en una obra especialmente valiosa: no solo recoge canciones, sino momentos, sensaciones y estados de ánimo. Sin duda, un magnífico inicio para un año lleno de música y un recordatorio más de la grandiosidad de Wim Mertens y de su capacidad única para crear momentos mágicos a través del sonido.
.jpg)
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario